Estrategias

El gestor de volúmenes lógicos simplifica la vida del administrador de TI

Esta herramienta ofrece flexibilidad de gestión

Mientras los administradores de sistemas Linux vigilan sus infraestructuras de hardware y software, tienen que prever cuánto tiempo hay que asignar a las particiones de disco duro para atender a las necesidades cambiantes. El proceso de añadir discos o reconfigurar espacio de unidades de discos ya existente se hace más lento cuando hay que poner los servidores fuera de línea para instalar nuevas unidades de discos o realizar con lentitud nuevos arranques del sistema, backups, reparticionamientos de espacio o restauración de datos. Un Gestor de Volúmenes Lógicos es la solución a este problema.

Estos cambios pueden realizarse con mayor facilidad utilizando un Gestor de Volúmenes Lógicos o LVM (Logical Volume Manager), que evita la necesidad de cerrar y arrancar de nuevo el sistema y reduce al mismo tiempo el tiempo inactivo. Así, un sistema LVM puede ser el mejor amigo de un administrador.
El sistema operativo Windows de Microsoft, Solaris de Sun y otros sistemas Unix tienen capacidades de gestión de volúmenes. Bajo Linux, el LVM es activado por un módulo de kernel que es similar a un driver de dispositivo en Windows. Los módulos de kernel capturan funciones de disco de las operaciones del usuario y las convierten con el fin de escribir a la parte apropiada del disco. Funcionan como un driver de sistema de ficheros, pero son mucho más dinámicos. El soporte para un sistema LVM no ha sido incorporado al kernel Linux hasta la versión 2.4, pero estaba disponible como elemento añadible. Ha sido una herramienta importante mientras Linux continúa penetrando en la informática de las empresas. Al ser tan útil, LVM es una característica de uso corriente pero, muchas personas, sobre todo las que trabajan en Windows, pueden no conocer mucho sobre él ya que se trata de un nivel adicional que hay que aprender.
El sistema LVM crea una capa o nivel de abstracción encima de todo el almacenamiento de datos combinado de un sistema, de manera que los detalles sobre dónde residen realmente los datos quedan ocultos. Esto permite la total separación del hardware y el software, porque el LVM mantiene una tabla que detalla donde se escriben los datos y a qué grupo de volúmenes o volumen pertenecen, permitiendo añadir o cambiar unidades de discos incluso mientras el sistema está funcionando. Y todo esto tiene lugar sin que las aplicaciones de software ni los usuarios se den cuenta de los cambios.
Aunque también se establecen sistemas sin LVMs con unidades de discos físicas, no tienen este nivel de virtualización. Cuando se necesita más espacio de disco, hay que cerrar el sistema e instalar las nuevas unidades de discos, que deben ser provistas entonces de sistemas de ficheros para organizar el almacenamiento de los datos. Si la nueva unidad de discos está sustituyendo a la unidad original, es necesario realizar un backup de la unidad de discos antigua para que la nueva unidad pueda recibir sus datos. Y todo eso requiere tiempo.

Recursos organizados
Con un sistema LVM, las unidades de discos físicas o los discos duros están organizados en “grupos de volúmenes”. Dentro de esos grupos de volúmenes se crean “volúmenes lógicos”, que son similares a las particiones en disco de los sistemas que no tienen LVMs. Al mantener separados el hardware y el software, pueden realizarse cambios en las unidades de discos sin necesidad de cerrar o arrancar de nuevo el sistema, y pueden moverse datos a una localización diferente mientras el sistema está funcionando. El LVM es importante porque facilita en gran medida la administración del almacenamiento de datos.

La gestión es la clave
Al final, lo más importante es la gestión. Sin un gestor de volúmenes, la tarea de representar y administrar el almacenamiento de datos queda a cargo del desarrollador de la aplicación que se desea ejecutar. Esto podría dar lugar a que algunas aplicaciones “pisaran” a otras al competir por espacio en el disco. Es por eso que todos los sistemas operativos potentes y sólidos tienen funciones de gestión de volúmenes.
Al añadir LVM, Linux se hace más escalable. El sistema LVM añade información sobre volúmenes físicos, que son las verdaderas particiones en disco duro, y los presenta a las aplicaciones a través del sistema de ficheros.
LVM está dirigido a tres áreas de interés para los administradores de Tecnologías de la Información (TI): disponibilidad, rendimiento y facilidad de gestión del espacio de almacenamiento de datos en disco. A los administradores les gusta porque ofrece control y más tiempo productivo, y además no desperdicia espacio.
Actualmente, el sistema operativo Red Hat Linux Advanced Server no incluye un LVM nativamente, pero Red Hat está colabora con la empresa Veritas Software para ofrecer un LVM como elemento añadido y se incluirá el software LVM en la próxima versión de Advanced Server. A Red Hat le preocupa más añadir al sistema operativo ciertas capacidades y funciones requeridas por las empresas, como escalabilidad y el clustering antes de añadir un LVM, a pesar de que los clientes lo han pedido.


Cómo funciona un gestor de volúmenes lógicos
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Un Gestor de Volúmenes Lógicos o “Logical Volume Manager” ubica las entidades físicas (volúmenes físicos) en conjuntos de almacenamiento que se conocen como “grupos de volúmenes”. Un LVM puede gestionar discos y particiones completos SCSI o IDE en un grupo de volúmenes, así como hardware e incluso dispositivos RAID de software. Para el sistema, un grupo de volúmenes es el equivalente de un disco físico. Un “volumen físico” es el equivalente de las particiones en las que se divide el espacio de almacenamiento de datos.

Viñeta publicada el 20 de febrero de 1870 en La Flaca n.º 35 Tendencias

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