Los maestros están quemados

Los datos fríos nos dicen que en España hay más de 600.000 docentes y que uno de cada cinco sufre trastornos de estrés, ansiedad y depresión. Tras las cifras se esconde una realidad dramática, más aún si cabe por el silencio que la rodea.

Periódicamente aparecen en la prensa informaciones inquietantes sobre el problema. Síntomas conocidos, causas descritas a las que nadie parece hacer frente y tiempo que corre sin solución sobre los sufrientes maestros que, mal pagados y desprestigiados, aguantan el tipo como pueden. Y, por si fuera poco, a las tensiones clásicas se une ahora la puesta al día en herramientas tecnológicas que en sus balbuceos arrollan a los más, con una sobrecarga de trabajo que ni se reconoce ni se remunera. Como para no volverse tarumba.
Afectados por lo que clínicamente se conoce como síndrome de burnout -en castizo, estar quemados- cuyos síntomas y causas describe R. Capilla Pueyo en la revista Jano db.doyma.es/cgi-bin/wdbcgi.exe/doyma/mrevista_jano.fulltext?pident=9224, los docentes de primaria y secundaria, los más vulnerables, son propensos a un agotamiento físico y psíquico que afecta su salud y la calidad de lo que enseñan. Los expertos hablan de que los horarios, la falta de medios para acometer las continuas reformas, el desprestigio social de la profesión, la feminización de la enseñanza y otras causas, como catalizadores de la explosión del fenómeno. Los datos oficiosos del Consejo Escolar del Estado son sólo eso. En la página web del Instituto Nacional de Calidad y Evaluación (www.ince.mec.es/elem/cap6-1.htm), tan exhaustiva como condescendiente con las autoridades, no aparece más que de pasada el asunto, sin estadísticas que avalen los simples juicios de valor. Es muy llamativo que en este estudio, donde abundan los datos extraídos de encuestas realizadas a los profesores, se desmenucen asuntos de menor enjundia que el de la salud de los docentes, que sólo se enuncia y sobre el que no se pregunta a los interesados.
"Da la impresión de que la capacidad de educar en los hogares fuera cada vez menor -opina en una ponencia (www.fe.ccoo.es/sallab/ponencia%20uimp.htm) Rafael Villanueva, responsable de salud laboral de la Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras- La familia tiene tendencia a descargar su responsabilidad y a sobrecargar la del docente. Conclusión: el profesor está desorientado sobre su rol". A la pregunta de qué se espera de ellos, la respuesta suele ser que todo. Pero no sólo en España. Los docentes latinoamericanos, en un documento sobre Trabajo Docente y Salud laboral (www.vcn.bc.ca/idea/martinezsp.html), realizado por la Red Social para la Educación Pública en las Américas, SEPA, exponen la preocupación por la salud mental de los maestros, inscrita en un contexto mucho más deteriorado que el español. No obstante, sus páginas son de obligada lectura tanto por los afectados por el síndrome de burnout como por aquellos que estén preocupados por el desmantelamiento de la escuela pública. Un documento que no sólo analiza; también aporta soluciones, muy en la línea beligerante y activa de quienes todavía apuestan sin desmayo por la necesidad de una educación de calidad para todos.
Según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (www.ilo.int), el 27% de los educadores de Estados Unidos tiene problemas crónicos de salud debido a su empleo, otro 40% toma medicamentos para reducir los perniciosos efectos de enfrentarse a un aula que responde y a un padre que pregunta, y en Alemania, uno de cada dos educadores corre el riesgo de sufrir un ataque cardiaco. Los soluciones que se plantean como bajar el número de alumnos por clase, intentar buscar un tipo de trabajo menos estresante a partir de los 55 años y, en España, hacer cumplir lo estipulado en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Asuntos todos ellos que se inscriben las más de las veces en meras declaraciones de intencione: tras cuatro años de la promulgación de la subsodicha ley, las enfermedades laborales de los profesores no están reconocidas como tales.
Julio Cabero y varios profesores de la Universidad de Sevilla (Los medios de comunicación como creadores de imagen social. La imagen del profesorado y de la enseñanza en la prensa, en tecnologiaedu.us.es/revistaslibros/21.htm) se adentran en un aspecto no por novedoso menos evidente. Para ellos, la de los docentes es "una profesión con una posición social contradictoria. Por una parte, se les encuadra por debajo de una serie de profesiones y se les remunera conforme a ello, y por otra se les exige aptitudes y actitudes superiores a las otras, asignándole un alto valor como servicio a los ciudadanos. Su período de formación institucional es reducido, pero se les demanda un constante reciclaje y perfeccionamiento y se les exige el dominio de un cúmulo de contenido y de habilidades y destrezas no triviales para transferirlos a los estudiantes [...]. Una profesión, no tanto con riesgos físicos, sino psicológicos, que ofrece pocos incentivos que supongan la evolución y motivación para la mejora profesional. Una actividad con una fuerte carga ideológica, cuyos miembros pueden ser más considerados como misioneros que como profesionales. Una profesión de carácter solitario que desarrolla su actividad profesional en un contexto incierto y complejo, en el cual debe de adoptar decisiones sobre la marcha; decisiones que se mueven en un amplio espectro: motivacionales, formadoras, disciplinarias". ¿Quién da más?
En cierto modo, la masiva introducción de tecnolo

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