Windows 7: sin XP, no hay paraíso

Hay casos en los que la estrategia empresarial de una gran corporación se construye o se restaura gracias a que unos departamentos echan una sólida mano a otros. Creo que Éste es el caso de Microsoft con Windows 7. Vista, el proyecto I+D de software más grande del mundo (20.000 millones de dólares), no ha sido precisamente exitoso. Recuerda a esas manifestaciones callejeras sobre temas socialmente controvertidos, en que el número de manifestantes (usuarios) de Vista que se declara es muy diferente “según los organizadores” y “según las autoridades” (base real instalada). Pero no hay mal que por bien no venga, porque muchos compradores que adquirieron Vista embotellado en su nuevo PC –que Microsoft computa lícitamente como clientes de Vista– lo han remplazado por una copia de XP, más o menos legal. Y Microsoft lo sabe, vía descargas de actualizaciones. Y es que ser cliente no es lo mismo que ser usuario. Al menos esta vuelta de facto a XP es siempre mejor para la prestigiosa multinacional que el transfugismo a Ubuntu o a otras amenazadoras versiones de Linux. Y es justo aquí donde los creativos de marketing de Microsoft han sabido salir al paso con Windows 7 al incorporar Windows XP (SP3) como una parte opcional y gratis del mismo, eso sí, bajo la presentación de compatibilidad al 100% de aplicaciones y en modo virtual a su manera: XPM. Buen golpe comercial y más discreto que un XP restyling que hubiera restado protagonismo a Windows 7. En resumen: lo más positivo para los clientes es que se alargará la vida de XP y para Microsoft, que podrá computar como ventas de Windows 7, se use como tal, o en XP “mode”. Buen invento en que todos ganan, como debe ser cualquier negocio. Ojalá, por otra parte, que las prometidas y esperadas agilidad y seguridad de Windows 7 sean reales y que las nuevas versiones funcionen, aunque sean introducidas al mercado como un peculiar caballo de Troya.

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