Steve Jobs: cuando el negocio se convierte en arte

Una de las mayores obsesiones del ya desaparecido CEO de Apple era alcanzar la perfección en el diseño

Si hay una fecha clave para Apple y su recién desaparecido CEO, Steve Jobs, esa es el 26 de mayo de 2010, día en el que un hombre transformó la visión empresarial en arte. Ese es el día en el que el valor de mercado de Apple alcanzó los 229.000 millones de dólares.
Pero, para muchos, Apple no es sólo una compañía, es una visión que continúa cambiando la forma en la que las personas interactúan entre ellas. Más que esto, es la visión de un hombre que desde que cofundó Apple el 1 de abril de 1976, su misión ha sido cambiar el mundo.
El primer producto con el que Jobs comenzó su misión fue el primer microordenador producido en masa, el Apple II, y después el primer ordenador todo en uno, el Macintosh. Por aquel entonces, la religión y las drogas fueron parte de su fuente de inspiración. En 1974 viajó a la India en busca de iluminación espiritual y regresó convertido al budismo, con la cabeza afeitada y vistiendo ropa tradicional de la India. Además, experimentó con el LSD, asegurando más tarde en una entrevista con The New York Times que fue “una de las dos o tres cosas más importantes que he hecho en mi vida”. Jobs siempre defendió la idea de que las personas que no comparten sus raíces culturales no pueden relacionarse con su pensamiento y fue esta premisa la responsable de una sucesión de productos que capturaron el espíritu de la época: iMac, iPod, iTunes, iPhone e iPad.
Sin embargo, la cara cruz de la moneda de este perfil tiene que ver con su carácter despótico. Quienes trabajaron con él hablan de su mal temperamento con los empleados. Leyendas como que estacionaba su Mercedes en espacios reservados para minusválidos o que hizo llorar a más de un subordinado son ya conocidas. Pero, como dice el exdirectivo de Apple, Jean-Louis Gasse, “en las democracias no se hacen grandes productos. Es necesario un tirano competente”. Como resultado, la empresa de investigación Millward Brown Optimor (MBO) posicionó a Apple en la tercera posición de mayores marcas globales en 2010, detrás de Google e IBM, pero delante de Microsoft.
Ahora que Apple ha perdido a su “dictador”, y le relevará Tim Cook, al frente desde su baja médica, ¿sufrirá el valor de la marca? El mundo ya sabe la respuesta, porque Jobs y Apple ya se separaron una vez.

La salida de Apple
Dicha separación se produjo en 1985, cuando Jobs fue forzado a salir de su propia empresa por el CEO John Sculley, directivo que Jobs reclutó de la multinacional Pepsi convenciéndole con la siguiente frase: “¿Quieres vender agua azucarada el resto de tu vida o quieres cambiar el mundo?”
El gran error de Jobs fue olvidar que Apple tenía accionistas. Las ventas del primer ordenador Macintosh en 1984 fueron muy pobres y, aunque estéticamente era perfecto, era de poca potencia. Ante esta situación, Sculley le ordenó que se centrara en la línea de Apple II, pero Jobs se negó y los accionistas se pusieron de lado del CEO, lo que precipitó su marcha. “Fue un alivio, ya que todos habían sufrido en alguna ocasión su mal temperamento”, recuerda Larry Tesler, informático de la compañía durante 17 años. “Pero nos preocupaba lo que sucedería sin su visión y su carisma”.
Según Andy Hertzfeld, uno de los primeros empleados de Apple, la compañía “nunca se recuperó de la pérdida de Steve. Tenía una distorsión de la realidad. En su presencia, la realidad era maleable y podía convencer a cualquiera de lo que fuera”. Tras su marcha, Apple se desvió hacia la mediocridad, convirtiéndose, según expertos, en un productor de cajas de color beige populares entre algunos incondicionales.
El momento más bajo llegó con la estrategia de “Mac clones” en los 90, bajo la cual la compañía licenció su sistema operativo Mac OS a vendedores de hardware, lo que llevó a la empresa al borde de la extinción.
Mientras tanto, Jobs fundó el estudio de animación Pixar, que vendió a Disney en 2006 por 7.400 millones de dólares. Además, fundó otra compañía tecnológica, NeXT, dedicada a vender supercomputadoras a los mercados científico y académico. El destino quiso que NeXT fuera su billete de vuelta a la empresa ya que Apple la compró por 429 millones de dólares en 1996.
Desde entonces, Jobs llevó a Apple a la posición que ocupa hoy en día con productos como el iPod, el iPhone o el iPad, capaces de cambiar las reglas del mercado.


En busca de la perfección
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Desde el mismo momento en el que Steve Jobs volvió a Apple en 1996, gracias a la compra de NeXT, compañía que fundó en su ausencia, Jobs comenzó a inyectar sus dosis de perfección a la marca. Sin embargo, el mejor momento vino cuando Jobs reconoció que, en su ausencia, había entrado a la compañía un genio del diseño: Jonathan Ive, un londinense al que Jobs confió sus principales diseños. Su mayor creación fue el iMac azul, en 1998, convertido hoy en un icono. A los pocos meses, todos los productos ya se fabricaban en ese plástico azul transparente. Apple había vuelto porque Jobs había vuelto.
En la mente de Jobs la marca Apple siempre había ido unida a la perfección en el diseño. Ya en 1982 había alentado a sus diseñadores a considerarse a sí mismos artistas. Es más, llevó a su equipo de diseño a una exposición de Lois Comfort Tiffany, por ser un artista capaz de producir su arte en masa. Incluso insistió para que sus diseñadores firmaran el interior de la caja del Macintosh. “Instó a que cada uno de nosotros nos sintiéramos personalmente responsables de la calidad del producto”, afirma Andy Hertfeld, empleado de Apple.
Bajo la dirección de Jobs, Ive y su equipo han creado productos como el iPod, el Iphone o el iPad, bajo la premisa de la perfección.

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