Software artesanal en una era de exigencia de productividad

El avance hacia la racionalización y la industrialización de los trabajos de software pasa por métricas como el punto función

Uno de los problemas que se afronta actualmente en el escenario de las Tecnologías de la Información es la productividad en el desarrollo del software. La realidad en nuestro país es que la mayor parte del software que se produce se realiza artesanalmente y no se aplican métodos industriales o procesos definidos de producción. De hecho, cuando una empresa contrata a un proveedor para que desarrolle una determinada aplicación, paga por el tiempo que ha costado elaborarlo, pero sin saber cuánto ha producido porque la factoría que ha contratado para desarrollar el software no cuenta lo que produce. Éste no es un asunto de ahora sino que lleva preocupando a los ingenieros de software desde la década de los 70. “No es que el trabajo se haga mal sino que va siendo hora de que se den determinados pasos para ir avanzando hacia la industrialización. Esto no lo van a cambiar las consultoras ya que se encuentran mucho más cómodas vendiendo horas que producción”. Así de claro lo ve Rafael de la Fuente, quien hace siete años creó la consultora LEDAmc para ofrecer a las empresas, entre otros servicios, modelos de evaluación de la producción de los procesos de desarrollo de TI que permiten conocer la productividad real del software desarrollado. Según De la Fuente, su función no es convertirse en auditores ni en controladores sino que “ayudamos al cliente a medir la productividad y la calidad del servicio prestado”.

Medir lo que se produce
Aunque existen diferentes metodologías de medición del tamaño del software, una de las más populares es la mantenida por el Grupo Internacional de Usuarios de Puntos de Función (IFPUG-International Function Point Users Group), que cuenta con su propia certificación. LEDAmc cuenta en plantilla con un 30% del total de personas certificadas en IFPUG que existen en España.
A pesar de la solera de la métrica, la realidad es que “el punto función ha tenido varias etapas de implantación en España y casi todas han sido un fracaso”, señala Rafael de la Fuente. Entre las razones de su falta de aceptación, Ulises Arranz, socio de Accenture, señala la complejidad de este medidor, que exige personal certificado y la dificultad en traducir estos puntos función a horas. Según Arranz, “la aplicación del punto función no es para un proyecto sino para una organización. Es una decisión estratégica que exige tener un nivel de homogeneidad suficiente para que las medidas sean exportables, disponer de un músculo financiero importante para soportar un equipo especializado que se dedique a realizar estimaciones y a refinar el modelo y, por último, hay que tener un volumen suficiente para que las métricas y el volumen de información que se recoja sean significativos”. Aunque el mercado ha madurado bastante “la economía ha influido mucho en los procesos de madurez y al final lo que establecen los clientes como criterio es el precio”, señala Arranz. Así las cosas, el socio de Accenture no duda en afirmar que “la realidad del mercado es que el punto fusión no está siendo un criterio importante en el 95% de las oportunidades de negocio”.

Reducir la complejidad
Ante la complejidad de la métrica de punto función, algunas consultoras como Capgemini emplean puntos caso de uso como metodología de estimación formal. “Es una evolución de puntos función ya que emplea conceptos técnicos considerablemente más sencillos, lo que facilita su implantación y la comunicación con todos los interlocutores implicados”, afirma José Luis Lera, vicepresidente de la firma. Al estar inspirado en el lenguaje UML “nos permite disponer de un elemento de modelado de requisitios muy general, aplicable a proyectos de muy diversa índole”, indica.
Por su parte, Gesfor tiene recogida la práctica de punto función dentro de sus oficinas CMMI aunque no lo ha aplicado a lo largo del tiempo. “No es utilizada con tanta profusión al ser demasiado fría para medir la productividad real ya que sólo contempla características funcionales del software que se va a desarrollar”, señala Mario Guirado, subdirector de metodología y soporte de la compañía. En Atos Origin, según palabras de su director de la Test Factory, Ignasi Obiols, “la métrica de puntos función se ha empezado a usar de forma intensiva desde hace más de un año a nivel global. Cada país ha identificado un Punto de Contacto que posteriormente intercambiará con otros países con el objetivo de generar líneas base de métricas en puntos función globales”. Por su parte, Marcos de Miguel, director de desarrollo de software de Telvent, afirma que el punto función “no es el mejor indicador para conocer la productividad de un servicio de factoría”.
Por último, Francisco López, socio Everis Centers, apunta que “la aplicación de los puntos función tendrá sentido cuando la estimación deba partir de unas especificaciones funcionales de alto nivel y con un condicionante adicional es que nuestro cliente tenga una cultura creada alrededor de la metodología de punto función”.

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