Premios Astic 2010

La Asociación Profesional del Cuerpo Superior de Sistemas y Tecnologías de la Información de la Administración del Estado (Astic) ha celebrado su reunión anual para la entrega de sus premios, sexta edición, a la que han asistido más de 200 personas. Viene comprobándose, edición tras edición, por el número de asistentes y por sus manifestaciones a nivel personal, que los profesionales TIC de la Administración General del Estado (AGE) valoran el evento y quieren testimoniarlo con su presencia. Porque, para contrastar opiniones, intercambiar ideas, o disipar dudas, les vale con aprovechar cualquiera de las diversas oportunidades que se les brinda en las diversas reuniones de trabajo a lo largo del año, en las que pueden coincidir o, sencillamente, utilizando el teléfono o correo electrónico. Pero la reunión de Astic para la entrega de sus premios, por su singularidad, debe servir, a todos los miembros de la asociación –y a los que todavía no lo son pero les convendría serlo, porque la unión hace la fuerza– para reflexionar sobre las ventajas de seguir creciendo, en número y protagonismo, para que mediáticamente, y por lo tanto en la AGE, su imagen, presencia, y peso, vaya conquistando cotas de respeto, fundamentalmente, en los entornos donde realizan sus trabajos.
Sin embargo, a Astic hay que pedirla mayor grado de compromiso con los valores que defiende, por la importancia de la gestión de las TIC en la AGE, por parte de sus miembros, y la necesidad de garantizar la eficiencia por encima de cualquier mala contingencia, como es la situación económica que padecemos. La asociación debería pronunciarse, en el ámbito de la AGE, de forma similar a como lo viene haciendo la patronal de las TIC en el sector privado. Haciendo llegar al Gobierno, mediante comunicados o declaraciones públicas, sensatas e inteligentes peticiones para poder cumplir con solvencia las órdenes del Ejecutivo. Expuesto todo de manera rigurosamente ortodoxa, para evitar equívocos que pudieran interpretarse torcidamente por parte de políticos excesivamente susceptibles ante la exposición de verdades, y que cayesen en la fácil tentación de pensar en represalias. La fragilidad del funcionario ante el político hipersensible, tiene un peligro.

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