Predicadores por necesidad

La coyuntura económica que está condicionando las actuaciones empresariales, va a seguir imponiendo su peso mientras perdure la complicada travesía hacia un horizonte, el de 2010, por ejemplo, al que se mira con esperanzas de cambio. Mientras tanto, aquí y ahora, vamos a seguir asistiendo a diferentes cabalgatas de declaraciones por parte de máximos responsables de compañías proveedoras de nuestro sector, resaltando lo bien que se encuentran a pesar de la recesión, y diseñando unas perspectivas de futuro, aunque no brillantes, sí halagüeñas. En esta línea, crece el número de predicadores que, empujados por el estado de necesidad, desgranan mensajes dirigidos al usuario que no producen ningún tipo de calado en este colectivo. Porque, o bien se limitan a enumerar soluciones genéricas que figuran profusamente en libros de texto o publicaciones empresariales –que son recomendables para tenerlas en consideración en situaciones normalizadas–, o denotan deseos de hacer llegar al cliente una situación de bonanza de sus compañías que no se corresponde con la dura realidad que están padeciendo. Se centran en lo que hay que resolver, y metas que conviene alcanzar –y algunos sacan pecho con supuestas habilidades que poseen– pero eluden apuntar hacia lo fundamental: ¿Cómo? Tan sólo los portavoces de las asociaciones profesionales procuran tener en cuenta este matiz.
El usuario observa con atención las apariciones de los predicadores por necesidad, y analiza su repertorio de mensajes, porque tiene sumo interés por descifrar, en un primer nivel, el grado de credibilidad de quienes pretenden demostrar que su máxima preocupación, siempre, es el cliente, real o potencial. Se entiende la obligada intencionalidad del aserto hacia el cliente pero ¿Para responderle digna y eficientemente en todos sus requerimientos, o para exprimirle como un limón? La máxima preocupación del usuario, en estos momentos, es optimizar su gestión con los recursos –humanos y económicos– que tiene asignados, y alcanzar el objetivo pasa por acertar plenamente en la selección del proveedor en el que tiene que confiar. Los argumentos que basan extraordinarios descuentos, por ejemplo, en que sus compañías disponen de ligeras estructuras que abaratan costes, no tendrán impacto en usuarios con experiencia, Contratar equivocadamente, además de malgastar dinero, podría frenar iniciativas vitales para la idónea gestión del negocio del usuario.

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