Parques científicos y tecnológicos en Europa

Los parques científicos y tecnológicos son elementos dinamizadores del desarrollo regional y se han convertido en los lugares ideales en los que tiene lugar el encuentro entre ciencia y empresa, cuyo resultado suele ser la generación de ideas innovadoras.
La construcción de un parque en una región suele imprimir un gran empuje a la economía de la zona y es por ello que 17 comunidades autónomas españolas cuentan ya, al menos, con un parque. Este empuje suele traducirse en el aumento de número de puestos de trabajo, la mayoría de alta capacitación, mejora de la calidad del mismo, dinamización de los sectores empresariales, atracción de capital, creación de empresas de base tecnológica, aumento de la inversión en I+D... en definitiva, diversifica la economía y suele crear alrededor de él un entramado de empresas de servicios que cambia radicalmente la estructura inicial de la economía de la zona.
En Europa, España se ha convertido en uno de los países más activos en creación de parques. Destacan además, dos países por su alto número de tecnópolis: el Reino Unido y Francia; seguidos de cerca por Finlandia, Italia, Suecia y, por último, por Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Holanda y Noruega. En el Reino Unido, el concepto de ‘parque’ se importa de Estados Unidos a finales de los años 60 y principios de los 70. En Francia, igual que en el Reino Unido, el concepto empieza a desarrollarse en los años 60 y son los ayuntamientos los que crean el de ‘tecnópoli’. En Rusia, la idea de parque es reciente, de 1988. La Universidad de Moscú fue la primera en tener la iniciativa, seguida de la de San Peters-burgo. Inicialmente, el Ministerio de Educación planeó la construcción de 50 tecnoparques, de los que casi el 90% nunca pasaron de la fase de diseño, debido a restricciones presupuestarias y cambios en prioridades. Ahora hay más de 20 operativos.
Con respecto a España, entre 1980 y 1985 la aprobación de la Constitución y la creación de las comunidades autónomas potencia el surgimiento de las tecnópolis. La moda de los parques tecnológicos llega a España desde Europa, sobre todo del Reino Unido y Francia, y las comunidades autónomas inician el proceso de construcción de los primeros parques (el de Bizkaia fue el primero en 1985). Entre 1985 y 1992 se crean ocho parques tecnológicos cuya inversión superó 300 millones de euros y en su desarrollo no participaron las universidades inicialmente. A partir de 1993 aparecen nuevas iniciativas ligadas a otros promotores más allá del modelo autonómico, y a partir de 1995 las universidades comienzan a interesarse por los parques tecnológicos y comienzan a surgir otros de ámbito más científico. Desde 1998 se produce gran crecimiento económico debido al desarrollo de la Sociedad de la Información y las universidades, y los ayuntamientos y el sector privado se lanzan a la construcción de parques científicos y tecnológicos, lo que, con el apoyo del Gobierno, provoca un boom en el crecimiento de éstos.
En la actualidad, más de 48 tecnópolis se están gestando y se invertirá en ellos más de 2.300 millones de euros. El éxito de los parques españoles ha hecho que aparezcan iniciativas de instituciones que usan el buen desarrollo de éstos para realizar acciones de marketing nacional e internacional para su entorno. Es el caso del Club Málaga Valley e-27, donde el Ayuntamiento de Málaga pretende utilizar el éxito del Parque Tecnológico de Andalucía y la Universidad de Málaga para potenciar el desarrollo de esta ciudad como capital líder en las TI y para potenciar la atracción del talento, de empresas y de profesionales hacia allí y favorecer la creación de una ciudad del conocimiento.


F. Romera es presidente de la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos de España (APTE).

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