NINJAS, trileros y crisis (o desaceleración)

Érase una vez un lejano reino de barras y estrellas en el que los tipos de interés eran bajos, bajísimos, los precios de las casas subían cual cohete (de la NASA, por supuesto) y los hombres cada vez más hipotecados eran felices pagando vacaciones a plazos. El malvado ogro Internet y la maldita bruja Tecnología, que habían engañado a los pobres habitantes de aquel idílico paraje, habían sido vencidos y la época de terror (principalmente bursátil) que causaron había sido casi olvidada.

El descubrimiento de los NINJAS
Pero claro, en ese contexto de mundo perfecto a algún brillante directivo de un banco en Manhattan le pareció que para que su negocio siguiera creciendo a pesar de lo bajos tipos de interés que disminuían sus márgenes de intermediación debían ser capaces de conseguir un doble objetivo: por un lado, vender productos de mayor margen, aunque tuvieran mayor riesgo, por el otro, aumentar el número de operaciones cerradas.
Para lo primero, descubrieron un nuevo mundo inexplorado, el de los NINJAS (No Income, No Job, No Assets; o sea, personas sin ingresos fijos, sin empleo fijo, sin propiedades), concepto acuñado por Leopoldo Abadía, autor del imprescindible artículo La crisis NINJA, en el que aparecen muchas de las ideas que vamos a ver. Los NINJAS nunca habían recibido hipotecas, porque el riesgo de impago era, por ser políticamente correcto, considerable. Pero estos señores estaban dispuestos a pagar bastantes más intereses y los bancos, necesitados de seguir creciendo al 45% cada año estaban dispuestos a asumir riesgos; y, ya puestos, por qué no prestar a los NINJAS el 120% del valor de su casa (total, como las casas suben tan rápido) para que pudieran no sólo comprar su casa sino también un coche, una tele de plasma, un teléfono de quinta generación y unas vacaciones en un resort de Costa Rica, con lo que el consumo se “alegra” (benditos eufemismos).
Por otro lado, para prestar mucho más dinero, los bancos estadounidenses usan el comodín de la globalización y piden prestado a los bancos de todo el mundo, especialmente a los de la vieja Europa. Resumiendo: el dinero que usted tiene en un depósito en la caja de ahorros de debajo de casa es prestado a un banco en Minnesotta, que a la vez se lo presta a un NINJA de Springfield que está de vacaciones en Puerto Rico con aquellos ahorrillos de su abuela (no de la del de Springfield, sino la de usted que lee esta columna).

La llegada de los trileros
Con sólo esto, ya tendríamos ingredientes para una buena crisis, perdón “desaceleración”, pero nos falta otro fundamental. Los bancos sometidos a reguladores, Basileas y demás paladines de la transparencia tuvieron una genial idea para poder dar hipotecas “a cascoporro” sin tener que aumentar su inmovilizado (como les obligaría la regulación): la titularización. Es decir, cual David Copperfiled o Juan Tamariz, los bancos consiguen que donde antes había 100 hipotecas ahora haya un producto financiero de nombre MBS (Mortgage Backed Security) como lo podían haber llamado TOS (Teletubby Oriented Security) o PUF (Poliedric Ultrasonic Fake). Resumiendo un “paquetito” de hipotecas buenas, malas y regulares (por supuesto incluyendo las de los NINJAS) listo para ser vendido a bancos internacionales, fondos de inversión y demás. Aparecen por aquí otros viejos conocidos de la crisis de la pérfida Tecnología, esos chicos de la gomina y las corbatas de Hermès que trabajan para los bancos de inversión). Usted dirá que no puede ser que los mismos que vendían las empresas de Internet (y a a la vez las compraban con dinero de sus clientes) estuvieran ahora vendiendo “paquetes NINJA”. Pues sí, puede ser. Estos paquetes, se re-empaquetan, se requete-re-empaquetan siempre con maravillosos nombres de siglas que no entendemos, hasta el punto que nadie sabe muy bien dónde están las hipotecas de los NINJAS. La imagen es muy similar a la del trilero, ve usted la bolita, ¿dónde está la bolita?, ya nadie ve la bolita.
Como usted ya se habrá percatado, como los NINJAS dejaran de pagar todo el castillo de naipes se vendría abajo… y los NINJAS… dejaron de pagar. La caída de los precios de las casas en EE.UU. al principio de 2007 hace que los NINJAS deban más de lo que vale su casa y como son NINJAS, pero no tontos, dejan de pagar sus hipotecas… y claro el invento se viene abajo.
Y el problema no es sólo que en el mercado financiero internacional haya 100.000, 500.000 o un billón (de los españoles, con seis ceros) de dólares que no existan. El problema es que nadie sabe qué millones son, nadie sabe dónde están, nadie sabe nada y claro nadie se fía de nadie. Ésta es sin duda para mí la más grave consecuencia de todo este embrollo: la pérdida absoluta de la confianza (que, por supuesto, hace que nadie preste a nadie; si lo duda intente hoy pedir una hipoteca.)
Además, todo esto viene aliñado por subidas de las hipotecas (no me fío, luego exijo más interés), lo que acarrea menos renta disponible para las familias que, claro, consumen menos, con lo que hay que producir menos, sobra gente y aumenta el paro… y todo por culpa de los NINJAS (porque claro los bancos, los especuladores, las autoridades y reguladores financieros y nuestros gobiernos, siempre inocentes, no tienen nada que ver).
A todos los que lo de los precios de la vivienda por las nubes, los tipos bajos y los bancos ansiosos de aumentar de negocio le suene de algo, que no sean mal pensados. ¡Eso sólo ha pasado en los Estados Unidos!, ¿ verdad?

Tecnología para una crisis
Estará usted pensando, y la tecnología ¿no tiene nada de culpa? Hombre nada, nada… ya sabe usted que cualquiera que se dedique a la operación de las TI todas las mañanas se levanta siendo culpable de algo, no se sabe muy bien de qué, pero de algo. Con lo que alguien llamará a su puerta para decirle que con esto de la crisis debería “apretarse el cinturón” en lo que a la inversión en tecnología se refiere.
Sin embargo, creo que la tecnología tiene dos oportunidades claras en esta crisis. Una más en el corto plazo y otra en el medio y largo. La oportunidad en el corto es ayudar a las organizaciones a recupera la confianza que, como decíamos, es la gran víctima de esta crisis. La tecnología puede y debe hacer mucho por la confianza, empezando por una palabra clave que es transparencia.
Transparencia no sólo entendida como compliance y regulación, sino como “abrir” la organización a clientes, empleados, proveedores y socios. Como dice Don Tappscot, estamos en la época de las organizaciones desnudas y en este contexto más vale “abrirse el kimono”. La información genera confianza. No tenga miedo de usar la tecnología para hacer que la información fluya. Sus clientes quieren saber, sus empleados quieren saber, sus socios y proveedores quieren saber, e informarles les hará recuperar su confianza.
Mas, en el medio plazo, la crisis vuelve a poner de manifiesto algo que es cada vez más cierto en los mercados desarrollados, en mercados de oferta prácticamente infinita y demanda cada vez más voluble: la productividad organizacional ya no puede ser la única métrica (¿usted aún se cree que sólo por fabricar más venderá más?). En esta situación, en la que, como dec

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