La perspicacia del usuario

El usuario, en la mayoría de los casos, no es proclive a dejarse embaucar ante las maravillosas propuestas de proveedores, por mucho ritmo que aporten a sus bien hilvanados cantos de sirena. La perspicacia del usuario, enriquecida por la experiencia, le anima a permanecer constantemente ojo avizor sobre innovaciones en el sector, y obrar en consecuencia. Piensa, por ejemplo, que Microsoft –que a unos cae muy bien y a otros cae muy mal– puede dar la impresión de que avanza lentamente, cuando no es la primera en sacar al mercado algo novedoso pero, sin embargo, suele acabar absorbiendo las funcionalidades nuevas en algún producto suyo. Lo cual complica la justificación de comprar algo adicional para tareas que la plataforma básica ya ofrece, pudiendo parecer absurdo seguir pagando licencias por algo que se puso hace años para hacer una tarea que Microsoft no tenía. Hablando de metodologías, si un usuario se interesa, por ejmplo, por la CMMi (Modelo Integrado de Madurez de la Capacidad), y le atrae, otro puede opinar que todas ellas sirven, esencialmente, para tenerlo todo organizado, repetible, o documentado –que no es poco– pero saca la conclusión de que tienden a igualar a todos en la media. Puede entender que las tareas de desarrollo, para optimizarlas al máximo, requieren que estén impregnadas de intuición; que el profesional disfrute haciendo el trabajo; con el añadido, a veces, de toques de genialidad. El usuario con esta idea interpreta que la metodología tiende a cortar esos brotes de inspiración, imponiendo tareas tediosas, y un desarrollo de nivel uniforme para todos. Este tipo de usuario está convencido, y así lo expone cuando intercambia experiencias con otros colegas, que la metodología está bien para aplicaciones poco exigentes ya que, para desarrollos complejos, estima que no da buenos resultados. Puntos de vista.

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