La maldición de Gutenberg.

Probablemente todos ustedes saben que un caballero alemán, que se hizo llamar Gutenberg, inventó la imprenta a mediados del Siglo XV. Hasta entonces, los libros se escribían, editaban, copiaban, a mano. Una labor terriblemente ardua. Tan lenta y fatigosa, que existían pocos libros.

La casi inexistencia de documentos escritos de uso público daba lugar a que los diversos lenguajes tuvieran grandes diferencias de unas comarcas a otras, incluso cuando estaban relativamente próximas. El entendimiento entre los paisanos, que siempre ha sido fácil, resultaba todavía mas problemático por las diferencias idiomáticas.

A partir de la invención de la imprenta, se produjeron fenómenos de un incalculable alcance social; se estabilizaron los lenguajes, viendo la luz los idiomas nacionales modernos; se divulgó el conocimiento, el saber en general; se pudo contar con bases documentales de los trabajos de los sabios y de los científicos, con lo que el estudio de las ciencias y de las artes se hizo mas fácil.

Tengo la impresión de que todos esos avances los estamos empezando a pagar ahora. Los microordenadores, las impresoras láser, los avances de las técnicas de impresión, son tales, que los documentos escritos empiezan a convertirse en una maldición, mas que en una ayuda. La maldición de Gutenberg.

Cada día, millones de personas redactan textos en sus ordenadores pefrsonales (como estoy haciendo yo en este momento). Otras, producen datos que van a ser manejados por otros ordenadores para producir toneladas de papel pijama impreso.

Nos llegan ya kilogramos de información todos los días. Información para decidir, información para trabajar, información para estar informado. La mera selección de lo que nos interesa y lo que no nos interesa puede ser ya una tarea considerable, en la que, como en todo proceso de elección, cometemos errores de los que a veces nos arrepentimos, cuando descubrimos que hemos enviado a la papelera una información que hubiera sido interesante conservar.

El archivo de la información, la elección del sistema que nos permita buscar fácilmente aquello que nos interesa, es igualmente una preocupación de primera magnitud. Porque de que acertemos o no al elegirlo depende una parte de nuestra felicidad, de la felicidad que sentimos al hacer algo bien Millones de arboles son talados para suministrar papel.

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