La CMT: ¿descentralización o desnaturalización?

Del polémico traslado de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) a Barcelona, fruto del acuerdo alcanzado el pasado mes de julio entre Zapatero y Maragall, se ha dicho de todo: que es una deportación, que sólo atiende a razones políticas, que es el peaje que el Gobierno paga por el apoyo de sus socios catalanes. Pero, unos y otros –Ministerio y CMT– no se han parado a pensar que mientras se mantiene ese pulso político lo que está en juego es el desarrollo de la Sociedad de la Información en España, y por tanto la propia evolución del país. En realidad, sí lo han hecho y eso es lo más asombroso, a pesar de ello la situación no varía. El pasado 17 de febrero el consejo de la CMT aprobó una resolución en la que acataba el Real Decreto del Gobierno del día 30 de diciembre por el que se decidía el traslado de la sede de la CMT de Madrid a Barcelona. Una muestra de la obediencia debida pero no exenta de cierto atisbo de rebeldía porque venía a decir que será “cuando y como queramos” y “manteniendo oficinas en Madrid”. El último movimiento del presidente de la CMT, Carlos Bustelo, ha sido interpretado en Industria como un órdago y seguro que se han apresurado a buscar razones para despedirle. Sin embargo, la búsqueda ha resultado infructuosa, ya que éste ha manifestado que aunque lo considera una deportación, “acataremos la ley y nos iremos a Barcelona”, pero “cuando y como queramos”. Una acción que distanciará, más aún si cabe, las posturas irreconciliables de Bustelo y Montilla.
La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, tiene mucha razón cuando afirma que “España es un país plural que no acaba en Madrid”, pero, ¿por qué se ha tenido que jugar con un organismo plenamente constituido, con 150 profesionales y una infraestructura eficaz para hacer frente a la complejidad del sector, sobre todo en un momento en el que se acomete la implantación del nuevo marco regulador comunitario? Quedémonos con una visión positiva, aquella que apunta que otras sedes del mismo sector seguirán a la CMT con el fin de crear un cluster de las telecomunicaciones en Cataluña y ratificar el interés del Gobierno por el desarrollo de la Sociedad de la Información en España, al margen de los colores, ideologías o ubicaciones.
Mientras tanto, quizás para desnaturalizar este organismo, el ministerio emite globos sonda sobre la posible liberalización de las tarifas de ADSL, o la reducción de precios de los móviles que se propone aplicar o la regulación que planea imponer en la voz sobre IP. Barcelona parece ser sólo una batalla más.

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