Gestión del rendimiento: ¿una cuestión de buen gobierno?

El CPM permite a las empresas cumplir sus fines

Hace cinco años, el departamento de TI constituía una isla dentro de la empresa. Su papel consistía en suministrar al personal la tecnología que le permitiese desarrollar su trabajo con eficiencia. Las decisiones de adquisición de TI correspondían al director de TI y esta área no estaba considerada como una parte estratégica del negocio. Esta situación ha cambiado radicalmente.

El boom de Internet y su ocaso, una economía cambiante y la madurez del ciclo tecnológico son las causantes de la nueva situación. Las compras de TI se han convertido en una decisión del equipo de dirección. Las empresas se han dado cuenta de que la tecnología estaba llamada a aumentar su competitividad mediante la mejora del servicio al cliente, el fomento de su eficacia y la reducción de costes. Además, la necesidad de cumplir con las normativas legales corporativas en 2004 ha reforzado todavía más esta nueva posición. Como resultado, los CIOs ya forman parte del núcleo del negocio, y a menudo establecen la visión y dirección que debe tomar la compañía. Son jefes por derecho propio y están presentes en la junta directiva de muchas grandes empresas.
Muchos de los desarrollos tecnológicos buscan un mejor uso de la información. Siempre hemos tenido los datos al alcance de la mano y ahora ha llegado el momento de saber cómo analizarlos para identificar tendencias, realizar predicciones y buscar la optimización del rendimiento.
Demasiado a menudo, existe un abismo entre las metas estratégicas de la empresa y el rendimiento del día a día. Las compañías no realizan el control que desearían porque simplemente no disponen de los métodos necesarios que les permitan, en primer lugar, informar a toda la organización acerca de la estrategia y objetivos corporativos, así como de la responsabilidad que cada uno tiene para alcanzar dichos objetivos. Y por otra parte, sin los medios adecuados, las empresas tampoco pueden supervisar el rendimiento de cada uno de los departamentos y las personas que lo componen, lo que, en consecuencia, impide que se pueda comprobar hasta qué punto su actividad está contribuyendo o no a los objetivos globales establecidos.

En busca del óptimo rendimiento
Esta deficiencia se puede remediar fácilmente y alcanzar con ello un rendimiento corporativo óptimo. Para evaluar si una empresa es capaz de medir su rendimiento de manera adecuada, habría que considerar tres factores fundamentales. En primer lugar, la capacidad de generar un informe de gestión con una sola versión de la realidad, de identificar y solucionar los problemas potenciales antes de que se conviertan en problemas reales. De este modo, se evitarán errores y objetivos mal planteados.
En segundo lugar, la disponibilidad de un cuadro de mando adecuado que permita a la organización monitorizar minuciosamente la actividad empresarial. Esta monitorización se podrá realizar a todos los niveles, desde el más genérico hasta el mayor nivel de detalle. De este modo, la organización contará con una visión global del rendimiento corporativo en relación a unos parámetros predefinidos que le permitirán identificar muy fácilmente aquellas áreas donde los niveles de actividad están por debajo de esos parámetros y comunicar esta información a las personas adecuadas.
En tercer lugar, evaluar si los procesos de planificación, presupuestación y consolidación corporativa se llevan a cabo de la forma más eficiente para ‘conducir’ el rendimiento corporativo hacia los objetivos establecidos. Para ello, se requiere un software sofisticado, transparencia y asignación de responsabilidades, y por supuesto, cumplir con las regulaciones económicas y de gobierno corporativo.
Todo esto constituye la estructura necesaria para la Gestión del Rendimiento Corporativo (Corporate Performance Management, CPM). El establecimiento de objetivos corporativos y su ejecución diaria permite no sólo mantener un control preciso del rendimiento, sino cumplir con las expectativas o superarlas.
Ya vemos cómo existe una tendencia clara hacia la estandarización de las tecnologías dentro de las empresas. Con el menor número posible de proveedores de software, lo que consiguen las organizaciones es una gestión mucho más eficiente y sencilla a todos los niveles, tanto tecnológicos, como funcionales. La implementación de la tecnología de un sólo fabricante en toda la organización permite a las distintas divisiones trabajar con datos seguros y generar informes consecuentes y que sean un único y fiel reflejo de la realidad, lo que facilita a los dirigentes el control del rendimiento corporativo y la correcta toma de decisiones.
Si bien muchas empresas han estado gestionando y midiendo el rendimiento corporativo sobre una base ad hoc durante años, ahora ya están empezando a darle la importancia que verdaderamente merece. La naturaleza misma del negocio, la búsqueda del éxito, sólo puede hacer de la Gestión del Rendimiento Corporativo o CPM el pilar principal de la gestión empresarial.

Marisol Moreno, responsable de marketing de Cognos España

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