¿Es oro todo lo que reluce?

Wal-Mart a examen

Frente a los que alaban los beneficios de la tecnología de radiofrecuencia, hay otras voces que dudan de su éxito, especialmente para cuando el esperado proyecto piloto RFID de Wal-Mart esté listo a lo largo del próximo mes en las tiendas de algunos estados norteamericanos, como Dallas. A las consabidas ventajas generadas, especialmente en la cadena de suministro, hay que unirle ciertos inconvenientes, como el alto precio de las tarjetas y los problemas de lectura en determinados soportes.

La incertidumbre ante la implantación exitosa de RFID en Wal-Mart ha surgido fruto, entre otros factores, del establecimiento, como objetivo declarado para el proyecto piloto, de “una capacidad de lectura del 100% de las etiquetas de los palés que pasen por las puertas de sus almacenes y una capacidad de lectura del 100% de las etiquetas de las cajas en las cintas de transporte de su central de distribución”.
A ello hay que sumarle una serie de handicaps que pueden provocar que no se alcance dicho objetivo. Las etiquetas pasivas RFID y sus lectores, que utilizan señales de radiofrecuencia para conseguir información de las etiquetas, no pueden conseguir un 100% de efectividad en almacenes ruidosos rodeados de objetos metálicos que distorsionan la señal. Además, las señales relativamente débiles de los lectores tendrán multitud de problemas para averiguar lo que contienen las cajas de determinados artículos, puesto que estas señales no se propagan bien a través de líquidos.
En definitiva, las especulaciones en torno a lo “exitoso” del proyecto de Wal-Mart no se han hecho esperar. Algunos analistas de Gartner han destacado la falta de madurez de esta tecnología, subrayando que “la identificación por radiofrecuencia no está a la altura de las promesas que se han hecho en nombre de esa tecnología”.
En la práctica, los datos hablan por sí solos. Sólo el 8 por ciento de las 50 compañías consultadas por ABI Research declararon estar muy satisfechas o algo satisfechas con sus programas RFID. Cerca del 20 por ciento dijeron estar algo insatisfechas o totalmente insatisfechas. Sin embargo, frente a ello, la mitad de los 30 fabricantes consultados por Accenture aseguran “grandes beneficios de nuestras inversiones en RFID”. En cuanto a los inconvenientes que tienen que asumir los clientes, hay que tener en cuenta dos factores que resultan determinantes a la hora de desincentivar su uso: el mal funcionamiento de las etiquetas y los lectores, así como de su elevado precio.
Por otro lado, la mayor oportunidad para que RFID sea un éxito no parece estar tanto en la venta al por menor, como en la fabricación al por mayor, especialmente entre los fabricantes de productos con mucha demanda. La razón es que las etiquetas y lectores RFID que se utilizarán en esos casos serán de la tecnología Clase 3 ó 4. Esas etiquetas RFID incluyen una batería con una duración estimada de tres a cinco años y lectores que utilizan una señal suficientemente fuerte como para funcionar de forma correcta en un almacén y efectuar un control de la producción a diario.
Ya hay empresas en Estados Unidos que están poniendo en marcha proyectos con dichas tarjetas, lo que permite que, con una batería integrada en la etiqueta RFID, se pueda añadir memoria a la etiqueta del producto. Con ello, las aplicaciones pueden superar con creces las simples expectativas que los minoristas tienen acerca del uso de la RFID para mejorar su control sobre el inventario.

Previsiones de futuro
En cualquier caso, en el futuro las etiquetas y lectores RFID puede que no se utilicen sólo para identificar los contenidos de un objeto, sino también para localizarlos. Por ejemplo, un hospital podría etiquetar su costoso instrumental y utilizar lectores para encontrar cualquier aparato que se necesite, como es habitual en hospitales llenos y desordenados, en los que se depende de un personal que cuesta mucho dinero.
Los productos RFID de clase 3 y 4 son mucho más caros. De hecho, las etiquetas valen de 25 a 30 dólares frente a los 50 centavos más o menos de las de Clase 1 que los socios de Wal-Mart están manejando hoy en día. Además, los objetos etiquetados de esta manera tienen un valor superior a los productos que se pueden encontrar en la estantería de un minorista.
En cualquier caso, como en otras tecnologías que no están del todo desarrolladas, hay dos aspectos a tener en cuenta. Por un lado, destacar que el mayor rendimiento de RFID llegará a largo plazo y, por otro, que el retorno de la inversión que se genere será uno de los aspectos prioritarios a la hora de decidir la puesta en marcha un proyecto de estas características.

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