Enigma sobre presupuestos TIC

El año ha comenzado con una latente preocupación, entre los proveedores de nuestro sector, sobre los presupuestos TIC que manejarán los clientes durante 2009. Tienen en cuenta comportamientos en crisis precedentes y analizan, para dibujar mejor las hipótesis, posibles analogías o discrepancias respecto a la recesión que estamos padeciendo. Hacen bien los proveedores de nuestro sector en desplegar dinamismo para recabar opiniones y obtener datos que les permitan configurar un plan de previsiones creíble –no confundir con el deseable– que profundice en las mejores condiciones en un terreno comercial dominado por la incertidumbre. Sin embargo, la necesaria actitud de los proveedores por indagar al máximo sobre las cuantías presupuestarias que gestionarán los clientes está viéndose complicada –y continuará en esta situación– porque estos últimos tampoco tienen demasiado claro qué comportamiento conviene elegir –siempre y cuando esta condición sea posible– para optimizar sus recursos disponibles.
Para intentar dimensionar la situación presupuestaria en el colectivo cliente hay que tener en cuenta la diversidad, heterogeneidad, y tamaño entre sus componentes, además de las singularidades entre quienes tienen la capacidad de decisión. Ardua y compleja tarea, por consiguiente, para los proveedores, en su comprensible intento por conocer los presupuestos TIC de los clientes. Porque, predominando entre estos el criterio de no precipitarse en su programa de adquisiciones –ya que esperan que la retahíla de buenas oportunidades de contratación va a ser una constante mientras perdure la recesión– habrá clientes que no sean del todo sinceros con los proveedores con el fin de provocar, ante un panorama sombrío, condiciones de venta inimaginables en época económica normalizada. Debido a que, con la recesión, todo puede ser conjeturable, no debe extrañar que la gama de dudas entre clientes respecto a programas de inversión abarque desde aquellos que ahora mismo ya tienen aprobados presupuestos, hasta los que todavía no han seleccionado la alternativa definitiva. Lo duro para el proveedor es que el cliente, aún disponiendo de suficientes (¿?) recursos económicos, va a aprovechar la coyuntura para intentar imponer sus exigencias.

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