En otros países.

Los que malgastan su tiempo en leer habitualmente esta columna saben que me vengo ocupando de la crisis, de nuestra crisis, desde hace bastante tiempo.

Sí, en muchos casos, he insistido en ponerla de relieve, es porque, en muchos otros , he insistido en que únicamente saldremos de ella tomando decisiones, tomando las decisiones adecuadas. Y porque, además, no me parecen adecuadas las que más frecuentemente se vienen tomando.

A lo largo de mi vida, me he tenido que enfrentar a un buen número de crisis empresariales, y otro no desdeñable de problemas difíciles en el seno de las empresas en que he trabajado. La mayor parte de las veces he conseguido salir adelante, al menos eficazmente.

La receta, que he expuesto repetidas veces en estas páginas, ha sido siempre la misma, de forma invariable: la profesionalidad. Además de una capacidad técnica y un adiestramiento adecuado, la profesionalidad significa también la aplicación de una escala de valores. De estos valores, uno de los más importantes es el de poner la exigencia profesional, la responsabilidad, por delante de la persona que tiene el encargo de desempeñarla. Esto significa que un profesional no puede, ni debe, jugar al yo-yo.

Viene esto a cuento de que, en mi búsqueda de esperanzas a compartir entre todos, he podido comprobar que en otros países, donde la crisis económica y la crisis informática, también se manifiestan, las empresas de servicios informáticos siguen contratando técnicos cualificados y caros.

Como conozco a algunos de ellos, puedo afirmar que el valor profesional de estos técnicos, en sentido estricto y en sentido amplio (al que me refería un poco más arriba), es muy grande. Gente preparada, enamorada de su profesión, capaz de integrarse en una empresa y defenderla. De trabajar para ella y defenderla. No de servirse de ella.

Esta constatación, de que el mercado del empleo informático se mueve en otros países, si bien a un nivel alto, entraña otra consideración, no menos importante que la de las características profesionales que nuestros competidores europeos buscan y pagan. Lo que queda claro es que los directivos de las empresas de informática no están asustados, y siguen buscando su oportunidad, aunque haya que arriesgar en la contratación de profesionales caros, que seguramente demanda el mercado.

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