Carrera espacial a la española.

Durante 1992 nos acostumbramos a oír que España había alcanzado un alto nivel de desarrollo tecnológico. Numerosas empresas, muchas de ellas con capital íntegramente español, fueron artífices o participaron de manera destacada en proyectos con un alto grado de sofisticación. Pero frente a la actividad desarrollada por la iniciativa privada, el Gobierno no se iba a quedar atrás, no podía perder el tren que había conseguido recuperar para todos los habitantes de este país después de años de atraso, ¿ y cómo podía lograr esto?. Muy fácil, poniendo en órbita el primer satélite íntegramente español de telecomunicaciones, ahí es nada. Sin embargo, de los sueños a las realidades hay un largo camino y en él muchas veces se pierden parte de los anhelos. En primer lugar, hablar de un satélite español es bastante dudoso cuando toda la tecnología proviene de suministradores franceses. En segundo lugar, y tras el primer momento de euforia, los principales responsables del proyecto han tenido que reconocer, solapadamente primero y abiertamente después, los fallos, incidencias y problemas que impedirán a los españoles recibir, en las condiciones inicialmente prometidas por Borrel, la amplia variedad de canales de televisión, a lo que hay que añadir que, todavía no se ha encontrado una ocupación a Hispasat, ni se han convocado concursos para sus posibles adjudicaciones. Aunque el ministro de Obras Públicas José Borrel, afirma que el plan previsto es lograr una ocupación del 90 por ciento, lo cierto es que no preciso la fecha, ni tampoco el tipo de empresas que utilizarán sus servicios, sin embargo, los primeros indicios apuntan a Campsa, así como el servicio de seguridad de las comunicaciones telefónicas entre la Península y Canarias, y la utilización, de Hispasat por parte de las hasta ahora dos únicas adjudicatarias privadas del servicio de radiobúsqueda, Cersa y Sistelcom.

Mientras tanto, el coste estimado del proyecto supera los 58.000 millones de pesetas, cuando la rentabilidad prevista por el Gobierno es de 150.000 millones, algo que será casi imposible conseguir dada la alta competencia que existe en este sector proveniente de los restantes satélites de comunicaciones europeos y que ya han demostrado sobradamente su eficacia.

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