1993: el año del usuario.

Finalizando 1993, es el momento de hacer balance de lo que ha supuesto este año para el usuario informático, auténtico exponente de la vitalidad del sector y objetivo codiciado de los fabricantes porque, además de comprar, ejerce un protagonismo impensable hace muy pocos años. Del imperio de los fabricantes imponiendo herramientas, métodos, procedimientos, y hasta haciendo estudios de las necesidades de equipamiento informático del usuario -que en ocasiones incluían consejos sobre modificaciones en la organización de la empresa- se ha pasado a las soberanas decisiones del usuario, que sabe lo que quiere y pide lo que necesita. Con este cambio de escenificación y libreto; ¿utiliza bien el usuario las ventajas disponibles y maximiza su rentabilidad? Que el usuario español es menos exigente con los suministradores, respecto a los de otras naciones, es algo ya escuchado a analistas del sector. Quizá por cultura, o porque no se ha sentido presionado, ni en sus decisiones ni el en trabajo, ha ejercido de confiado, condescendiente y hasta demasiado comprensivo. Pero desde que los más vanguardistas del colectivo -por convicción o necesidad- dieron el golpe de timón basados en referencias e informaciones procedentes de otros lares, la dureza en las negociaciones con los fabricantes ha entrado en una escalada de consecuencias imprevisibles. En el clásico juego del ratón y el gato, se han invertido los papeles y los tradicionalmente débiles, los usuarios, son ahora los dominadores de la situación, mientras que los suministradores contemporizan y capean el temporal lo más dignamente que les permiten las circunstancias.

El año que finaliza también ha sido espléndido para el usuario. Nadando a favor de la corriente de la crisis del sector ha seguido disponiendo de ofertas ventajosas e imponiendo, cuando le ha apetecido, sus veleidades o exigencias. Así están las cosas en este paradigma de trueque de poder y dominio. Pero, ¿hasta cuando?. Algo tendrá que hacer IBM -piensan directivos de otras compañías- para liderar la recuperación del terreno perdido respecto al usuario. No se habla de entreguismo ni de falta de dignidad por la claudicación ante los requerimientos de algunos usuarios, porque comprenden que para arreglar la cifra de resultados y salvar el puesto de trabajo se admiten concesiones coyunturales, en la forzada huida hacia adelante, con la pretensión de ganar tiempo hasta que cambie la espeluznante situación. La esperanza no se pierde.

El usuario pragmático seguirá aprovechando las excelentes oportunidades de compra que le ofrece el sector, y es imposible parar esta inercia voluntariamente porque; ¿quién es capaz de renunciar a la dulce hegemonía? Pero debe reflexionar sobre la capacidad de los fabricantes para asumir los continuados recortes de beneficios. En un principio, protegidos por los grandes márgenes con que operaban, han resistido el tirón estrechando paulatinamente la banda de seguridad económica en las operaciones. Posteriormente se tendrá que ir resintiendo, de algún modo, la asistencia al cliente. Y en este punto se centra el nefasto dilema de los fabricantes. La dura competencia les obliga a bajar los precios, reduciendo márgenes de beneficios, pero teniendo que ser, además, extremadamente precavidos para que el usuario no detecte síntomas que le hagan sospechar que existe dejación o desinterés en los apoyos que desea. Complicado juego de estrategias, astucias, promesas y capacidad de persuasión, con el fin de dejar al usuario plenamente convencido de que está disfrutando de la opción más ventajosa.

Como va a ser muy difícil que se pongan de acuerdo los competidores para frenar la tendencia de presentar ofertas increíblemente buenas para el usuario, este, mientras llega o se demora el inicio de la era del parón y marcha atrás por parte de los fabricantes, dispondrá de variadas alternativas para realizar proyectos y cubrir objetivos en condiciones que debe aprovechar. El cliente piensa que lo que venga después habrá que analizarlo en su momento. Pero más tarde. Mientras tanto, le hace feliz sacar partido de la actual situación.

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