"Cloud computing", ¿presente o futuro?

A nadie se le escapa que cloud computing es una gran idea. Va a permitir acceder a recursos complejos y caros de forma sencilla y bajo demanda y, lo que es aún mejor, a costes interesantes. Ayudará a mejorar la competitividad y reducirá costes, sobre todo en las pymes, segmento necesitado de la adopción de nuevas tecnologías.
A pesar de estas ventajas, el modelo cloud tiene dos inconvenientes importantes para las organizaciones de tamaño mediano y grande aún sin resolver: por el momento, no compromete SLA, y por otro lado, impide el control directo de los procesos y de los datos, que son elementos esenciales de generación de valor en la organización.
Hace unos años aparecieron los servidores denominados blade; éstos, junto a las soluciones de virtualización, permiten una disponibilidad, flexibilidad y escalabilidad enormes. Es ahora cuando podemos decir que los tres pilares del CPD –procesamiento, almacenamiento y redes– son virtualizables, crecen de forma modular y escalan ampliamente, con precios de entrada bajos y disponibilidades muy altas. Esto ha permitido pasar a un CPD de dos capas: equipamiento de gama alta para propósitos específicos (transaccional, por ejemplo) y todo lo demás convergiendo en una infraestructura fácilmente administrable, potente, flexible, altamente utilizada y con provisión de recursos bajo demanda, que algunos llaman ‘cloud Interna’ y otros ‘infraestructura convergente’.
Este cambio de paradigma no es nuevo, lleva ocurriendo desde hace años. La novedad es que ahora existen tecnologías sólidas y probadas que permiten llevarlo a cabo de forma completa. Además, los CIO, junto con sus proveedores de confianza, pueden reducir costes y al mismo mejorar su capacidad para adaptarse a catálogos de servicio, cumpliendo SLA y con una flexibilidad que antes era imposible. En definitiva, es ahora cuando las organizaciones pueden hacer mucho más con menos.

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