Un diploma polémico

La Asociación de Técnicos de Informática (ATI) tiene la exclusiva para introducir en España el diploma ECDL (European Computer Driving Licence), acreditativo de manejar con soltura nociones que se consideran básicas para desenvolverse con facilidad en entornos informáticos. La idea nació en Irlanda en 1997 y la fundación privada ECDL se está encargando de su expansión en otros países entre los que Suecia, con 300.000, figura en primer lugar respecto a número de diplomas adjudicados. Para conseguir en nuestro país el grado de expansión que persigue, la ATI deberá contar con centros de formación homologados -cuantos más mejor- que deberán pagar, por centro y año, 150.000 pesetas, más una cuota anual de 33.000 pesetas. Asimismo, la ATI percibirá 10.000 pesetas por cada diploma expedido, de las que una parte irá a la fundación ECDL. Como la obtención del diploma requiere la aprobación de varias pruebas, el alumno dispone de tres años para alcanzar su objetivo.
De todo el proceso para la consecución del diploma se desprende que pueden tener buenos ingresos los centros que se responsabilicen de la preparación de los alumnos para que culminen sus propósitos con aprovechamiento, así como la ATI por la labor que realiza. Y parece que éste punto, junto con el de considerar al diploma un fruto del oportunismo, carente de peso específico, son la base de las críticas que se emiten desde diversos colectivos que lo cuestionan abiertamente. Se olvidan los críticos que el ECDL ni perjudica, ni suplanta, ni sustituye a nada de lo establecido y vigente en el terreno de la enseñanza. Se olvidan los críticos de que no se trata de fomentar la titulitis con maniobras de desplazamiento o intromisión. También olvidan que las empresas no cesan de insistir en el problema planteado por la carencia de profesionales de entornos informáticos y que el juez único, imparcial, e interesado, capaz de sentenciar si el poseedor del diploma es aceptable o no, es la propia empresa que se arriesgará a comprobar si el rendimiento es bueno o malo. Entonces, ¿por qué no dejan que sean las propias empresas las que se pronuncien y sentencien su bondad o demuestren su rechazo?
Sin entrar en disquisiciones sobre el negocio que pueden hacer unos u otros con el ECDL, lo verdaderamente importante es que el diploma se acredite por su utilidad; que los estándares de calidad de los centros homologados sean altos; y que los controles e inspecciones de la ATI a éstos centros sean muy rigurosos. De éste modo, podrán enfrentarse con garantía de éxito al pragmatismo de quienes emiten veredictos de conveniente o desaconsejable: las empresas.

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