SIMO

Han transcurrido nueve ediciones desde que IFEMA asumiera la organización de SIMO y el balance –a tenor de los resultados- no puede ser más positivo. SIMO ha colaborado en el engrandecimiento del sector español de las TI. SIMO no es un certamen vacío de contenido, todo lo contrario durante una semana se puede vivir cómo es la tecnología del presente y cómo será en el futuro. SIMO ha dejado de ser una feria para un sector para serlo –por obligación– de toda la sociedad española. Estamos hablando de cuestiones de futuro y de sostenibilidad de un país. Algo que pasa obligatoriamente por las Tecnologías de la Información, y todo lo que ayude a fomentar el uso de las TI es crítico en el decidido camino hacia la Sociedad de la Información. SIMO es capaz durante una semana de aglutinar al conjunto del sector español de TI y dotarle de una visibilidad que alcanza a todas las capas sociales. En SIMO están todos, y no me refiero sólo a los grandes –que por supuesto lo están– sino a los no tan grandes que conscientes de la importancia de estar presentes en el certamen realizan el consiguiente esfuerzo. Y aquí me voy a referir a un aspecto que esgrimen los poco afines a SIMO. Efectivamente se utiliza el concepto de compra/venta como la única motivación que puede mover a un expositor a asistir al certamen. Algo que obviamente edición tras edición va perdiendo contenido, puesto que la rentabilidad que se obtiene de la presencia en SIMO se mide por la renovación de esa participación año tras año. Por lo tanto, SIMO debe ser una acción rentable. ¿Algo tendrá SIMO para que las empresas de TI no duden de su participación? Cierto que este éxito de SIMO es algo que recae en un gran número de profesionales, pero estaríamos cometiendo un flaco favor a la verdad si no destacáramos la figura de Santiago Quiroga como eje de ese impulso. Quiroga siempre ha creído en SIMO y ahí están los resultados.

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