SEPA: el doble reto de la migración y la motivación

Los bancos ya saben lo que es tener que modificar sus sistemas internos para cumplir con nuevas legislaciones. Pero en el caso de SEPA (Single European Payments Area) no se trata sólo de esto. Esta normativa implica cambios de negocio que supondrán la introducción de nuevos productos minoristas, personales, institucionales y corporativos en el mercado. Y plantea imponer, de cara a 2008, nuevos esquemas sobre los servicios existentes, lo que conlleva un reto significativo. Por otro lado, la generación de una ‘masa crítica’ de actividad para migrar de los esquemas internos a los propuestos por SEPA en 2010 presenta un reto aún mayor: un mercado de 20 millones de corporaciones y 450 millones de consumidores tendrá que moverse hacia nuevos productos.

SEPA implica a 25 países y conlleva el establecimiento de una norma común, lo que hace suponer que no todo el mundo va a estar contento con los cambios que ésta trae consigo, y que afectan a los procesos y sistemas bancarios de toda Europa. Por ejemplo, habrá requerimientos adicionales de datos que los sistemas actuales no soportan.
Por otra parte, los países tienen esquemas de pagos diferentes a los que SEPA impone. Sus actuales sistemas de iniciación de pagos, o no capturan todos los datos que esta legislación requiere, o capturan aquellos no disponibles en sus esquemas. Esto hace imposible la simple sustitución de los esquemas nacionales por los esquemas SEPA. Por tanto, es posible que se requieran servicios de conversión y ampliación en los niveles corporativo, bancario o de cámaras de compensación; y estas soluciones interinas variarán por países.
Las cámaras de compensación automáticas existentes en cada país ven amenazada su supervivencia. La fusión de éstas ya ha comenzado, y es de esperar que se consoliden en los próximos años. Apenas tendrá sentido pertenecer a una cámara pequeña a menos que ésta soporte servicios de valor añadido más allá de las transferencias clásicas de crédito o los servicios de domiciliación.
Los retos de la migración difieren entre los países a los que afecta la SEPA. Aquellos con modelos más centralizados y estandarizados tendrán ventaja. Pero para cumplir con los requerimientos, una comunidad de miles de bancos y cientos de miles de clientes corporativos debe ser migrada a los nuevos sistemas, manteniendo un flujo de pagos seguro y eficiente.
Los bancos afrontan dos retos principales con el esquema SEPA. El primero es implementar sistemas adaptados a sus requerimientos y planificar la migración de su base de clientes; el segundo es motivar a estos últimos a aceptar los nuevos productos bancarios y convencer a los usuarios de servicios de pagos –gobiernos, empresas y consumidores– para que revisen y cambien sus actuales contratos.
Para acometer el reto de la migración y retener a los clientes, los bancos tienen varias opciones. Entre ellas: crear y desplegar para los clientes software de reemplazo para capturar las transacciones de cumplimiento de la SEPA; confiar en proveedores de software financiero corporativo (ERP) para crear y desplegar versiones de sus soluciones que cumplan sus estándares; proteger a los clientes del cambio a corto plazo, ofreciendo servicios gestionados que puedan convertir y mejorar la transacciones existentes para que cumplan con los requisitos de esta normativa, lo que requerirá soporte y mantenimiento de los directorios específicos de los clientes en datos como los International Bank Account Numbers (IBAN); desarrollar, promover y soportar el uso de sistemas consolidados de pagos de clientes capaces de generar transacciones compatibles con SEPA, que permitirá a los clientes centralizar y reducir el coste del cambio; y crear servicios de valor añadido basados en esquemas de esta normativa para animar a la migración y el desarrollo de valor añadido para bancos y grupos de bancos.
No será una tarea fácil, y no todos verán los beneficios de forma inmediata. Habrá una curva de campana natural en la adopción, por parte de los consumidores y clientes corporativos, de los nuevos productos, con algunos pioneros por delante y otros esperando a que los bancos implementen todos los cambios. Lo que queda claro es que ahora es el momento ideal para que los bancos hablen con sus clientes sobre el impacto de SEPA, y negocien los plazos para el cambio.

Educación, educación, educación
La reunión del Consejo Europeo que tuvo lugar entre el 23 y el 24 de marzo de 2000 acordó un nuevo objetivo de la Unión Europea (UE) para la próxima década: convertirse en la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de mantener un crecimiento económico sostenible con más y mejores puestos de trabajo y mayor cohesión social. Así que, a pesar de la presión de la industria bancaria por ampliar los plazos, hay una fuerte determinación política por defender la mencionada fecha de 2010.
Esto significa que los bancos necesitan colaborar desde ahora tanto con su base de clientes corporativos como con su base de clientes residenciales, para garantizar que la migración a productos adaptados a SEPA sea lo menos dura posible. El comienzo ideal es un programa de comunicación y educación que será esencial para motivar a las empresas y consumidores. Éste debería ir seguido de un itinerario de migración para los cambios en los productos y servicios de pagos. Cuanto más tarden los bancos en entrar en este debate, más difícil será retener a los clientes existentes y garantizar que cumplen los plazos fijados por la UE.


Sólo el 37% de la gran banca se adaptará a tiempo a SEPA
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Las cien principales entidades financieras europeas invertirán más de 3.000 millones de euros en sistemas de pago en los próximos cinco años para cumplir con la normativa SEPA (Zona Única de Pagos para el Euro), según un informe de Accenture, que también apunta que sólo un 37% de la gran banca se adaptará a tiempo a la nueva normativa, que entra en vigor en 2008. La consultora recuerda que la gran banca española, muy implantada en Latinoamérica, deberá realizar un esfuerzo adicional para unificar sus sistemas de pago con su homóloga europea.


Por Nick Downes, director de consultoría de LogicaCMG

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