SAP, a ritmo perfecto

Siempre lo he dicho: SAP pertenece a ese grupo de empresas que centran su estrategia en el cliente de una forma casi exclusiva. Ya sé que esto puede parecer una obviedad, pues pensarán que eso es lo que hacen todas las compañías. Pero no, si analizamos la estrategia de SAP, lo que prevalece es que sus hitos siempre se han materializado en realidades. Realidades de éxito. Pocos fiascos se pueden apreciar en la ya larga andadura de esta compañía. Empezó desarrollando software de gestión y ahí sigue. En ningún momento ha perdido su foco ni lo ha ampliado a otros que no sean aquellos relacionados con la evolución de las aplicaciones de software. Por esta razón, creo que a nadie puede extrañar su éxito, porque emana directamente de esa creencia absoluta en lo que ofrece al mercado. Pero no sólo eso. En un momento como el actual, SAP crece y, además, mucho. Está claro que los clientes valoran una estrategia coherente. Y ellos, esto no hay que olvidarlo, son los que certifican el éxito y no los grandes anuncios estratégicos dirigidos casi de forma exclusiva a los indicadores bursátiles. No obstante, hay otra característica propia que define a esta compañía: la humildad. SAP es la primera compañía en software de gestión del mundo. Es de origen europeo y ha sido capaz –casi ninguna lo consigue– de triunfar en los mercados americano y asiático. Y esto le permitiría casi “vivir de las rentas”; ya que además sabe que a su producto no “le hace sombra casi ninguno”. Pero no, SAP se caracteriza por un profundo respecto a tres conceptos: clientes, tecnología y competencia. De cara al futuro, concretamente al año 2015, SAP ha puesto sobre la mesa sus retos y éstos son ni más ni menos que: 1.000 millones de usuarios, lo que supone multiplicar por cinco su actual base de usuarios y alcanzar una cifra de negocio de 20.000 millones de dólares. Ambos objetivos son difíciles, sin embargo, para SAP no imposibles.

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