La otra cara de la moneda

Es bien consabida la importancia que cobran las inversiones y los gastos en TIC y más aún los usos productivos de las mismas que tanto benefician la eficiencia y productividad de todas las actividades económicas así como el bienestar social en general.

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Entrevista con María Valcarce, directora de SIMO


Desde una perspectiva social la posición relativa española en equipamientos TIC está bastante centrada. Partiendo de la renta per cápita –contabilizada por poder de compra- comparada con los demás países avanzados, España se posiciona bien en movilidad y banda ancha, los principales factores de la sociedad de la información, mientras que la distancia que nos separa de la media cuando estamos por debajo, con la excepción de PC´s, no se presenta alarmante. 

También en el ámbito empresarial la situación española se encuentra centrada respecto a la UE, con posiciones distinguidas en cuanto a uso de ordenadores e Internet en las empresas y más aún en cuanto a acceso a xDSL. Estamos peor, aunque no demasiado desplazados de la media, en empresas con Intranet, Extranet y Web corporativas.

Podríamos decir que España acabó 2008 –en 2009 volvió a retrasarse- con su “reloj tecnológico en hora”, algo verdaderamente notable en términos históricos. Porque es la primera vez que nuestro país se aventura hacia el futuro en la cresta de la ola tecnológica de su tiempo.

Sin embargo, es más fácil descender que ascender en la ola tecnológica, y si el gran impulso operado durante los últimos años no se renueva y acrecienta sin cesar, en poco tiempo podríamos retrasarnos de nuevo; riesgo acentuado por la política reciente del Gobierno que desatiende la inversión y la innovación tecnológicas.

Hasta aquí hemos visto las TIC desde la perspectiva de la demanda social , y empresarial, pero ¿qué sucede con la oferta tecnológica española?. Aquí las noticias son francamente malas. El déficit comercial no ha hecho sino crecer en los últimos años, las inversiones industriales extranjeras han decaído por completo, la consolidación y crecimiento de las empresas existentes brilla –con alguna excepción- por su ausencia, y la natalidad empresarial es muy escasa.

Todo lo dicho hasta ahora, de no hacer nada, podría llevarnos a pensar que tras alcanzar una cierta meseta de éxito, a España solo le queda ir retrasando poco a poco su “hora tecnológica” y conformarse con regresar al pretérito ridículo del “que inventen ellos”. No hay razón –ni perdón- para que ello llegue a suceder. De hecho, se dan circunstancias muy propicias para que España salga muy reforzada de esta crisis a poco que hagamos bien las cosas; teniendo en cuenta que se trata de regular y hacer política industrial inteligentes, más que de gastar dinero público en el sector.

El nuevo orden tecnológico e industrial del mundo, al menos en el ámbito de las TIC, poco deberá a la tradición ni a la dimensión de los países. Los países más avispados, como ha venido sucediendo en el reciente pasado con Finlandia, Irlanda, Corea, etc, tendrán oportunidades en los próximos años de ocupar posiciones de liderazgo si saben desplegar con inteligencia sus posibilidades; y España las tiene.

Nuestro país puede aspirar a ser pionero y líder mundial en el despliegue de redes inalámbricas y de fibra óptica de última generación para muy altas velocidades. Para ello es preciso un marco regulatorio que favorezca: las mayores inversiones privadas posibles, despliegues con ayudas públicas que sigan articulando territorial y socialmente nuestro país, la innovación, la libre competencia y la rentabilidad sostenida del sector.

España es un país pionero y líder en la identificación segura de los ciudadanos, merced a un desarrollo tecnológico propio del DNI digital. Si en un plazo breve todos los DNI fueran digitales, se crearía un enorme mercado abierto a aplicaciones tecnológicas de todo tipo que facilitaría grandemente las relaciones telemáticas de los ciudadanos con las administraciones públicas. Ello debería ser precedido del “apagón del papel” –incluido el de calco!- en todas las relaciones administrativas.

La TV Digital Terrestre ha puesto de manifiesto las ventajas que disfrutan los países pioneros: no sólo pueden beneficiarse antes de las nuevas facilidades tecnológicas, sino que además terminan liderando industrialmente los nuevos mercados. Este excelente ejemplo del buen hacer tecnológico español, conocido en el ámbito industrial como “demanda temprana”, que cabría aplicar también al DNI digital, puede ser perfectamente replicado en el campo de la energía.

España consume, por unidad de PIB, mucha más energía que nuestros vecinos europeos, mejora muy poco su eficiencia y es mucho más dependiente que los países de referencia para su producción. Esta crítica situación representa una gran oportunidad para la tecnología española, que podría desarrollar innovaciones orientadas al ahorro energético, luego exportables a otros mercados.

La industria TIC española, que aún de escasa dimensión es muy competitiva internacionalmente, podría revitalizarse enormemente y con ella el crecimiento económico, el empleo y las exportaciones tecnológicas, de varios modos a la vez:

·      Atrayendo inversiones extranjeras para constituir centros de competencia mundial en redes de telecomunicaciones de nueva generación.

·      Auspiciando el crecimiento de las pequeñas y medi

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