La guerra de las cifras

¿Se encuentra usted capacitado actualmente para responder con precisión a si existe una versión 4.0 de un paquete de software del que precisamente acaba de lanzarse la versión 5.1? Tenga cuidado al responder, porque puede equivocarse. La existencia de dicha versión 5.1 no implica necesariamente que haya habido una anterior 4.0...

Aunque la pregunta con la que se abre esta semana este espacio parece sencilla de responder en un principio, los hechos que se analizarán de aquí en adelante, mostrarán incluso al usuario más atento, que en la actual Babel numérica muy pocos nos salvamos de la confusión. Desde que los ordenadores personales, y con ellos las aplicaciones de software, comenzaron a entrar en nuestras vidas, las denominaciones numéricas de dichas versiones han comenzado a formar parte de nuestras conversaciones profesionales diarias. Hasta no hace mucho tiempo, no resultaba excesivamente difícil orientarse. La lógica se mantenía, después de la 3 venía la 4 y después de ésta la 5, y todo el mundo suponía que...así sucesivamente. ¿Recuerdan ustedes cuando una versión 1.0 aparecía en el mercado?, significaba que algo quizás inmaduro todavía, pero nuevo nos estaba esperando..., después el producto se instalaba en nuestros ordenadores, sufríamos dicha inmadurez y esperábamos que aparecieran las actualizaciones pertinentes o las nuevas versiones.

Pero hete aquí, que la guerra entre los fabricantes ha llegado incluso hasta las denominaciones numéricas de los productos. Hay que olvidarse de aquellas viejas reglas. Durante la primavera del pasado año por ejemplo, hemos asistido al lanzamiento de la versión 5.0 de Quattro Pro para Windows de Borland, ello no sería relevante, sino fuera porque la versión anterior era la 1.0. Si usted le pregunta a un ejecutivo de Borland la razón por la cual no existen versiones, 2, 3 y 4 la respuestas es que solapamiento numérico de versiones, responde a una necesidad de establecer una consistencia entre las líneas de productos de la compañía. Cuando lo que realmente ocurre es que existe una versión 5.0 de Excel de Microsoft, máximo rival del producto de Borland en ese sector de mercado.

Algo similar ha ocurrido con la versión 1-2-3 para Windows del producto homólogo de Lotus, de la número 1 hemos pasado a la 4, sin ningún tipo de explicación. La respuesta es parecida a la anterior, Excel 4.0 de Microsoft, estaba barriendo entre los usuarios corporativos y había que contraatacar. Ninguna compañía escapa a esta tentación. La propia Microsoft sacó la versión 6 de su Word inmediatamente después de la número 2, ¿la razón? nuevamente un ataque feroz de la competencia, en este caso de WordPerfect con una versión 6.

Este tipo de posturas, obligatoriamente desconciertan e irritan a los usuarios, y quizás podrían calificarse de mal menor, si no se unieran a otra pléyade de quejas, entre las que se encuentran que sin haber superado las dificultades de instalación, las carencias de las prestaciones que se esperaban y no han llegado, etc, etc....

Lo que en ningún caso es de recibo es que la mayor parte de los fabricantes, decidan por cuenta de los usuarios. No es raro encontrar que cuando uno, instala una nueva versión de un programa o aplicación se encuentre con que alguna de las utilidades que más beneficios le reportaban han desaparecido, siendo sustituídas por otras, que o bien no resultan excesivamente útiles, o bien no resultan convenientemente explicadas en el manual del usuario. De esta manera la sensación de haber perdido prestaciones, en aras de no se sabe muy bien qué beneficios resulta desoladora.

Ahora que están tan de moda las asociaciones, consorcios e iniciativas para estandarizar, ¿sería mucho pedir, que por una sóla vez, los señores fabricantes pensasen en estandarizar tanto en una nueva forma de denominar las versiones? ¿sería mucho pedir que se contase con la opinión de las distintas asociaciones de usuarios de cara a mantener aquellas utilidades más beneficiosas para todos?

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