Galileo, ¿en órbita o en suspenso?

Eurely e InavSat pujan por conseguir el contrato de adjudicación

Galileo es un sistema de localización por satélite propuesto por la Unión Europea con apoyo de la Agencia Espacial Europea y un grupo de inversionistas privados. Diseñado para uso civil, competirá con la plataforma estadounidense GPS y la rusa GLONASS. Dos consorcios de compañías, Eurely e InavSat, están pujando por ganar el contrato de adjudicación para su despliegue y operación. Sin embargo, los continuos retrasos ponen en tela de juicio posibles beneficios empresariales y de corte financiero. El tiempo dará la razón.

Con un coste global de 3.000 millones de euros, los paulatinos retrasos que ha venido sufriendo el proyecto Galileo han provocado una ralentización de su puesta en marcha y operatividad definitiva. Entre sus principales características destaca su carácter global e independiente, así como su compatibilidad e interoperabilidad, lo que permite explotar simultáneamente las señales recibidas de los satélites Galileo y GPS. La compatibilidad en radiofrecuencias es esencial para hacer que los sistemas actuales, GPS, GLONASS y Galileo sean interoperables y compatibles entre sí. Las transmisiones de Galileo no deberán crear interferencia que, de alguna manera, degrade el desempeño de los receptores de GPS y viceversa. Así, la coordinación de frecuencias y niveles de potencia transmitida se convierte en una prioridad para la coexistencia de los tres sistemas. Esto hace presuponer que los fabricantes producirán receptores de modo dual (o modo triple) capaces de tomar en cuenta la diferencia en el “tiempo del sistema” entre GPS y Galileo y operar con referencias geodésicas compatibles.
El proyecto incluye la construcción de 30 satélites que se mueven alrededor de la Tierra a una distancia de 24.000 kilómetros, con un peso total aproximado de 600 Kg cada uno de ellos, una carga útil aproximada de 110 Kg y un consumo de potencia de 1,7 kW, lo que permitirá enviar la señal hacia la tierra con más potencia que la señal del sistema GPS. Uno de los desafíos a los que se enfrenta es la sincronización entre los satélites y las terminales en tierra.

Sin prisa, pero ¿sin pausa?
En junio de 1999 comenzaba a perfilarse el proyecto Galileo. Han pasado seis años y, pese a las voces que apuntaban que el sistema europeo de navegación y posicionamiento por satélite estaría operativo en 2008, la realidad ha demostrado que se alargará hasta 2009. En ello han coincidido Dominique Detain, director de comunicación de los programas industriales de la Agencia Espacial Europea (ESA), y Jordi Curbera, director de Instituto de Navegación de España, quien ha invertido dos semanas en Bruselas en la evaluación de uno de los proyectos Galileo, y apunta que “no se puede asegurar que la constelación esté operativa en 2008. Habrá que esperar algo más”.
Recientemente, se ha producido un nuevo retraso en el proceso de adjudicación del contrato para el despliegue y operación del sistema de navegación por satélite. Y es que hace dos semanas, y tras reducirse de cinco a dos el número de consorcios candidatos, Eurely e InavSat, Galileo Joint Undertaking (GJU), organismo conjunto constituido por representantes de la Comisión Europea y de la Agencia Espacial Europea, ha optado por abrir procesos de negociación paralelos, posponiendo la decisión definitiva tres meses más.
Los dos grupos que compiten por la concesión son Eurely, participado por AENA (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea), Alcatel, Finmeccania e Hispasat; e InavSat, formado por European Aeronautic Defence and Space (EADS Space), Inmarsat Ventures y Thales. Según el director ejecutivo de JU, Rainer Grohe, el mantenimiento de negociaciones paralelas garantizará la elección de la opción más beneficiosa para el bien público. Grohe espera que las negociaciones concluyan en los próximos tres meses con la elección de uno de los dos consorcios. A partir de ese momento, se abrirá el proceso de negociación final con la alternativa ganadora, para, antes de finalizar el año, iniciar el despliegue del proyecto.
Si bien hay voces que han venido hablando de disputas en el seno de la Unión Europea y de la propia Agencia Espacial Europea (ESA) como los motivos de dichos retrasos, Curbera expone un punto de vista complementario y reconoce la existencia de filtraciones y negociaciones entre los dos consorcios finalistas. “Pese a contar con documentación e información desde finales del pasado año”, según apunta Curbera, “finalmente el GJU ha optado por posponer la decisión, fruto de las posibles negociaciones que parecen haberse dado entre los dos consorcios, con el fin de que el sector aeroespacial pueda verse beneficiado. Y eso no ha gustado en Bruselas”.
Y es que estamos hablando de una alta cuantía económica, así como de un prestigio y de unas posibilidades de explotación que han podido mover a ambos consorcios a “aunar esfuerzos” con el fin de beneficiarse de forma conjunta, debido al alto nivel estratégico del proyecto. El resultado ha sido doble. Por un lado, se ha traducido en una nueva demora del proyecto definitivo y, por otro, se ha generado la existencia de ciertas “similitudes” en el texto de ambas propuestas.

Competencias aseguradas
Como expone Curbera, lo cierto es que “se trata de propuestas difíciles de evaluar”, en tanto en cuanto, el consorcio que resulte vencedor será el encargado de llevar a cabo un proyecto que implica la puesta en funcionamiento de 30 satélites, tanto en las fases de despliegue como de operación. Pero, además, “hay que demostrar la capacidad de funcionamiento, la garantía de explotación de servicios, la integridad del sistema y la certificación del mismo”. Se trata, en definitiva, de propuestas muy amplias, “muy transversales”, que incluyen muchos aspectos y en las que se aprecia una cierta tendencia a “igualarse”.
Si bien “la competencia de los dos consorcios es obvia y demostrable”, según Curbera, parece ser que las posibles similitudes entre ambas propuestas, unido a las potenciales conversaciones entre los dos consorcios con el fin de salir beneficiados, independientemente del que resultara vencedor, han provocado un nuevo parón en el proyecto Galileo. Estos retrasos se convierten en un arma de doble filo, ya que “es necesario un tiempo mínimo o umbral para la fabricación de los sistemas de los satélites”, expone el responsable del Instituto de Navegación en España. En cuanto a las perspectivas de futuro, el primer hito que se plantea es disponer de la carga útil que explote la señal en 2006 y se espera que para 2009 la constelación ya esté en órbita para su completa operación y puesta en marcha. El coste del sistema esta directamente relacionado con el número de satélites involucrados en la constelación.


Los consorcios exponen su punto de vista
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Cada uno de los consorcios finalistas cuenta con una infraestructura establecida en torno al proyecto Galileo que supone un desembolso económico a tener en cuenta, ya que cuenta con equipos de profesionales, científicos y con un “expertise, además de bancos y consultoras asociadas, encargadas de la elaboración de estudios de mercado y análisis de explotación”, según expone Jordi Curbera, responsab

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