El software, pieza clave en el desarrollo de la Economía del Conocimiento

Los últimos datos de implantación de las Tecnologías de la Información en la empresa española reflejan índices de penetración muy similares a los que se registran en el resto de países de la Unión Europea. Así, según los últimos datos de Instituto Nacional de Estadística, el 97,4% de las empresas españolas cuenta con ordenadores personales y el 89,95% dispone de conexión a Internet. Se trata, sin duda, de buenas noticias para el sector español de Tecnologías de la Información. Ahora bien; si nuestras empresas presentan unos indicadores tecnológicos equiparables a los de sus homólogas europeas y todos los estudios coinciden en señalar que el incremento en la productividad y competitividad empresarial se deriva de un uso adecuado de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, ¿por qué son menos competitivas nuestras empresas que las del resto de Europa? La respuesta debe buscarse más allá de los indicadores básicos de adopción de infraestructuras tecnológicas.
Un vistazo a los datos sobre el mercado europeo de las Tecnologías de la Información evidencia que España es uno de los países donde menos se invierte en software. Así, mientras el 23% del mercado TIC europeo está relacionado con el software, en España sólo el 19% de la inversión global corresponde a este segmento, según datos de la consultora IDC. En un análisis de inversión anual en software per capita, España se situaría muy lejos de la media europea (145 euros per capita) con un gasto inferior a los 55 euros por habitante y año, en línea con Eslovenia, Portugal, Hungría, Grecia, Estonia, Eslovaquia, Polonia o Lituania pero muy lejos de países como Holanda, Suecia o Dinamarca, que sitúan su inversión anual en software en el entorno de los 300 euros por habitante.
Es evidente que las empresas españolas no están acometiendo sus inversiones en software con la misma intensidad que en el resto de Europa. A los problemas derivados del elevado índice de piratería informática –especialmente grave en nuestro país– se une también una tendencia a concentrar las inversiones tecnológicas en dispositivos y redes, olvidando que es precisamente el software el elemento que permite extraer todo el potencial de la infraestructura tecnológica instalada. De nada sirve contar con la última generación de ordenadores personales, las más modernas pantallas planas y la conexión de banda ancha más rápida, si no existe un software capaz de incrementar la productividad personal, facilitar el trabajo en grupo, proporcionar un entorno de gestión del conocimiento en la organización y posibilitar una gestión eficiente de la cadena de suministro y de la relación con los clientes.
El software es la pieza clave del desarrollo de la Economía del Conocimiento, y como sector debemos ser capaces de trasladar al mercado la importancia de incrementar la inversión en este terreno. De lo contrario, el resto de países de la Unión serán capaces de crear unas estructuras económicas mucho más eficientes y competitivas, basadas en un uso eficiente de las Tecnologías de la Información; esto es, del software.

Rosa María García, consejera delegada Microsoft Ibérica

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