El difícil reto de los portátiles

Los ordenadores portátiles siguen estando fuera del gran mercado de consumo que todos los fabricantes de hardware miran como la solución a sus males. Y es difícil que lo logren. Hay dos problemas principales: el precio y sus limitaciones de espacio.

El segundo es evidente. Un portátil, por su propia concepción, no está pensado para utilizarse como el compendio de equipos de consumo en que se han convertido los PCs de sobremesa destinados al mercado multimedia. Aunque es cierto que ya existen modelos que integran modem/fax y CD-ROM. Pero el problema del precio subsiste y subsistirá durante bastante tiempo. Por un lado, los componentes son más cortas. Pero además, la necesidad de integración de los equipos lleva a ciclos de diseño mucho más cortos. Un PC de sobremesa puede sobrevivir a muchos cambios en su interior sin necesidad de cambiar en el exterior porque su filosofía de diseño es modular. Pero lo compacto es una señal esencia de los portátiles de forma que cada vez que se incorpora un avance tecnológico, ya sea en la batería, es los dispositivos de E/S -como disketeras o CD/ROM- o en pantallas, obliga a rediseñar toda la carcasa.

De esta forma si la vida media de un modelo de PC normal ya es corta por los continuos avances tecnológicos. la rigidez de los portátiles implica que su plazo medio de vida -es decir el tiempo durante el que se mantiene en la línea de producción- no sobrepasa los seis meses.

Así es difícil que las economías de escala alcancen a compensar las inversiones en diseño y desarrollo, por lo que, aunque su volumen de ventas crezca más rápido que el de los PCs normales, no parece probable que consigan reducir su diferencial de peso respecto a equipos de sobremesa de similares características

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