El carácter anticíclico de la informática

La crisis crediticia, la escalada del precio del petróleo, la inflación agroalimentaria, la persistencia de los desequilibrios globales por cuenta corriente y la inestabilidad de los tipos de cambio siguen constituyendo una amenaza grave para la economía mundial, que, junto con el ajuste del sector inmobiliario en numerosos países, continúan condicionando negativamente su evolución. Los resultados económicos en la zona euro y en Estados Unidos han sido, pese a todo, mejor de lo esperado en el primer trimestre del año, pero todo apunta a un deterioro de la situación económica en los próximos trimestres.
Llama la atención el escaso impacto que la crisis financiera internacional ha tenido en los países emergentes. A diferencia de otros episodios de crisis, no se ha producido una huída generalizada de capitales de estos países, lo que pone de manifiesto la solidez de sus fundamentos económicos y la mayor confianza que despiertan sus economías tras la puesta en práctica de políticas macroeconómicas ortodoxas orientadas a la estabilidad. Además, muchos de estos países se están beneficiando de los elevados precios de las materias primas.
En España, la desaceleración económica que se inició en el segundo trimestre de 2007 se ha intensificado de forma acusada en la primera mitad de este año, y está siendo mucho más rápida que en la mayoría de nuestros socios comunitarios. El motivo se encuentra en el frenazo de los que hasta ahora habían sido los dos grandes motores de nuestro crecimiento económico: la construcción y el consumo, a lo que hay que añadir el impacto de la crisis financiera internacional. El aumento de los tipos de interés, los elevados niveles de endeudamiento, la pérdida de poder adquisitivo derivada de la inflación y el final del ciclo inmobiliario son los factores que explican el fuerte ajuste que están padeciendo tanto el sector de la construcción como el gasto privado.
Los objetivos fundamentales de la política económica deben ser el de promover el crecimiento económico y garantizar su sostenibilidad en el tiempo, para cuya consecución es imprescindible la implementación de una batería de medidas orientadas a estimular la oferta productiva. Así, un cambio en el sistema impositivo que incluya la reducción de la presión fiscal y la liberalización de algunos segmentos en mercados como el de la electricidad, el agua o la distribución comercial son medidas que reactivarían la economía, gracias a la supresión de las ineficiencias que caracterizan a algunos mercados, y facilitarían la creación de empleo.
En este entorno de estancamiento económico, las empresas deben esforzarse en reducir costes; por ello, tienen que seguir invirtiendo en Tecnologías de Información y de las Comunicaciones, especialmente para mejorar los costes de gestión e incrementar la productividad del factor trabajo,, sobre todo en el sector servicios. Asimismo las empresas que operan en Iberoamérica seguirán incrementando sus inversiones, puesto que la situación económica en esta zona es muy favorable, por la elevación del precio de las materias primas que exportan. Por tanto, la demanda de inversión en productos informáticos también seguirá incrementándose. Sin embargo, la demanda de consumo particular de estos productos se debe resentir negativamente por la reducción de la renta disponible para consumir y por las malas expectativas del empleo. En todo caso, la informática tiene también un carácter anticíclico. Es decir, se mantiene gran parte de su demanda en épocas de crisis.

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