El 76% de los CIOs se siente presionado para obtener un mejor rendimiento técnico

El 71% de las empresas europeas conocen sus fallos por las quejas de sus clientes

Según un estudio realizado por Forrester Consulting en Estados Unidos y en Europa, y entre más de 200 responsables de departamentos de Tecnología de la Información y la Comunicación (TIC), la preocupación de los cuadros directivos por asegurar la no interrupción y el correcto funcionamiento de las aplicaciones críticas se ha incrementado en los últimos dos años. De hecho, el 76% de los entrevistados declara sentirse cada vez más presionado para mantener un adecuado rendimiento de estas aplicaciones. La causa de esta preocupación, hay que buscarla, según el estudio, en la cada vez mayor dependencia tecnológica y en los costes asociados a los fallos del sistema. Un 43% de los entrevistados atribuye a una caída del sistema de una hora unos costes de entre 10.000 y 120.000 euros, mientras que el 35% declara que éstos superan los 120.000 euros. Según datos de otro estudio, elaborado por Compuware y circunscrito a Europa, un 22% de las empresas afirma que los fallos de rendimiento de las aplicaciones repercuten de manera directa en su facturación. Falta de confianza Este mismo estudio, realizado entre los directores de TI de más de 150 empresas a lo largo del continente, revela que más de la mitad (un 52%) de los directores de TI europeos estima en un 50% la posibilidad de que las nuevas aplicaciones fallen en algún momento y que el 71% de las empresas europeas admiten enterarse de los problemas de rendimiento en sus aplicaciones a través de las quejas de los usuarios finales. Esta falta de confianza podría deberse a que un 56% dice carecer de cualquier tipo de metodología formal de gestión del rendimiento en sus organizaciones y un 33% declara ser ineficiente a la hora de subsanar defectos de rendimiento. Según el estudio de Compuware, muy pocas organizaciones tienen en cuenta una aproximación estratégica al rendimiento de sus aplicaciones. Concretamente, el 54% de los directivos encuestados reconoce que encuentra problemas de rendimiento inesperados como mínimo en una de cada cinco aplicaciones, es decir, en un 20%. El estudio señala como consecuencia negativa más común de esta falta de metodología, la ralentización de la disponibilidad de las aplicaciones, algo que, según se señala, ocurre en el 66% de las empresas. Otra consecuencia, a la hora de poner las aplicaciones en producción, en un 60% de los casos es el no cumplimiento de los estándares de rendimiento acordados en los contratos de nivel de servicio. En un 49% de los casos significa que se sobrepasan los presupuestos, en un 39% malas experiencias por parte de los usuarios finales, y en un 29% se declaran efectos negativos en los sistemas y servicios ya existentes. Reactividad frente a proactividad Sólo un 29% de las organizaciones implica por entero al departamento de TIC en la gestión del rendimiento, reconociendo así el papel y relevancia que cada una de las diferentes fases (producción, desarrollo y pruebas), juega en este ámbito. El resto de los encuestados admite asignar sólo a una de estas áreas la responsabilidad, en vez de extenderla a lo largo de todas las áreas. Según los datos de Forrester, la fórmula que proponen el el 87% de los CIOs de Europa y América es medir el rendimiento de las aplicaciones en el nivel de los usuarios finales de las mismas. Es decir, consideran que analizar las aplicaciones desde la experiencia del usuario final es la forma más rápida de detectar y resolver problemas. Un 71% de los encuestados por Compuware admite depender de las llamadas al servicio de helpdesk por parte de sus usuarios para darse cuenta de que alguna aplicación tiene un problema de rendimiento. Esto significa que las empresas no abordan estos problemas de manera proactiva, sino que actúan cuando el problema ya ha ocurrido.

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