De la "Champions league" a los Ninjas: el gestor de TI en los tiempos del cólera

Superadas fobias, filias y demás recelos, parece que ya todos tenemos claro la palabra que define nuestro entorno: crisis. Esa crisis NINJA (No Income, No Job, No Assets) que dice Leopoldo Abadía con infinitas derivadas en los mercados y, lo que es más grave, en la liquidez de las organizaciones y su capacidad para financiarse. Crisis que ha hecho evidente eso que Thomas Friedman llamaba la “Globalización de las personas” (¿quién le iba a decir a tu suegra que su fondo de inversión valdría un 30% menos porque un señor de Wisconsin ha dejado de pagar su hipoteca?) y parece perfilar una complejísima situación económica global. Sin embargo, en nuestro país, este contexto tiene dos ingredientes adicionales: por un lado, el paro, que parece ser capaz de superar las previsiones más catastrofistas (la Unión Europea ya lo sitúa en el 18,7% para 2010); y, por otro, la no menos preocupante baja productividad de nuestro país (que sigue cayendo año tras año en los diversos rankings internacionales). Pero lo peor es esa sensación que todo el mundo parece tener de que “lo peor está por venir”, ese estado de ánimo al que parecemos abocados al pasar en tan sólo un año de considerarnos en la élite económica mundial (la “Champions League de la economía” que decía el presidente José Luis Rodríguez Zapatero) a esta situación en la que nos encontramos. Este cambio (como bien explicaba Khaneman) está en la raíz de esa desconfianza absoluta que parece asolarnos.

Tres ejes para la estrategia de 2009
Reducción de costes
Estará usted pensando: y la tecnología, ¿no tiene nada de culpa? Hombre nada, nada… ya sabe usted que cualquiera que se dedique a la operación de las Tecnologías de la Información todas las mañanas se levanta siendo culpable de algo. No se sabe muy bien de qué, pero de algo. Con lo que alguien llamará a su puerta para decirle que con esto de la crisis debería “apretarse el cinturón” en lo que a la inversión en tecnología se refiere. Sin embargo, creo que aparte de este desafío de seguir “haciendo más con menos” que es ya un leitmotiv en este sector, la tecnología seguirá estando presente.
El reto es que seguir reduciendo costes a la altura de la película a la que estamos (llevamos años optimizando la operación y controlando los costes de las TI) no es sencillo. Para muchos sectores de este país (entre ellos, sin duda, el financiero) la eficiencia alcanzada es tan alta que reducir “aún más los costes” es algo así como enseñar a jugar al fútbol a Messi (que algo podrá aprender, pero, como es lógico, nada obvio). Esta situación hace que, a día de hoy, para conseguir reducciones significativas en los costes haya que optar por transformaciones sustanciales en la operación de nuestras organizaciones. Transformaciones que muchas veces acarrean riesgos pero que en momentos como éste parecen más fáciles de justificar (decía Khaneman, y ganó un premio Nobel de Economía por ello, que estamos más dispuestos a arriesgar para evitar pérdidas que para lograr ganancias). Dele una vuelta de tuerca a su operación de TI y piense si todas las cosas que siempre creyó indiscutibles lo siguen siendo. Momentos como éste son buenos para cuestionarse casi cualquier cosa.
Pero, además, en este eje de los costes no se tiene que quedar solamente con el concepto de la disminución de los costes TI. También debe ampliar su horizonte y empezar a pensar cómo la tecnología puede disminuir otros costes de su organización.
Eso sí, aparte de este eje de la reducción de costes, la tecnología y sus gestores tienen dos oportunidades claras en esta crisis. Una más en el corto plazo y otra en el medio y largo.

Recuperar la confianza
La oportunidad en el corto plazo es ayudar a las organizaciones a recuperar la confianza que, como decíamos, es la gran víctima de esta crisis (complicado creer en nada en un mundo en el que el presidente del Nasdaq vende estafas piramidales). La tecnología puede y debe hacer mucho por la confianza, empezando por una palabra clave como es transparencia. Transparencia no sólo entendida como compliance y regulación sino como “abrir” la organización a clientes, empleados, proveedores y socios. Como dice Don Tappscot, estamos en la época de las organizaciones desnudas, y en este contexto más vale “abrirse el kimono”.
La información genera confianza. No tenga miedo de usar la tecnología para hacer que la información fluya, sus clientes quieren saber, sus empleados quieren saber, sus socios y proveedores quieren saber, e informarles les hará recuperar su confianza. Considere nuevos canales, herramientas de inteligencia y cuadros de mando, iniciativas de participación y otras tecnologías como posibles aliados en esta búsqueda de la confianza en la que todos estamos inmersos.

Diferenciarse
Mas en el medio plazo, la crisis vuelve a poner de manifiesto algo que es cada vez más cierto en los mercados desarrollados, en mercados de oferta prácticamente infinita y demanda cada vez más voluble: la productividad organizacional ya no puede ser la única métrica (¿usted aún se cree que sólo por fabricar más venderá más?).
En esta situación –en la que como decía el Funky Business, “hay demasiadas empresas parecidas, haciendo cosas parecidas a precios parecidos” –, la diferenciación es clave.
En esta diferenciación parece claro que la clave va a ser la innovación, en la que las Tecnologías de la Información tienen mucho que decir. Que las nieblas de crisis (o de “desaceleración”) no le impidan ver que la innovación será lo único que permitirá a su organización sobrevivir a ésta y a muchas otras “desaceleraciones más” en el futuro..

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