Clientes con complejos

Es un hecho constatable que, en conversaciones privadas entre CIO o responsables de sistemas de información, donde la confianza es recíproca, se hacen confesiones sobre comportamientos de proveedores de servicios TIC que invitan a reflexionar. Porque parece increíble que quien, ungido del poder que otorga la capacidad de contratar, el cliente, pueda titubear o tener complejos ante quien, por absoluta conveniencia, el vendedor, está dispuesto a ejercitar toda serie de atenciones y controladas concesiones para merecer su confianza e intentar, que ésta permanezca el mayor tiempo posible. Por esta razón, sólo son creíbles las manifestaciones que describen quejas respecto a comportamientos de proveedores de servicios TIC, cuando son formuladas por quienes han sido protagonistas en esas conversaciones de desahogo o búsqueda de posibles soluciones en las relaciones cliente-proveedor.
Puede parecer inaudito, pero es real, que al cliente le invada un sentimiento de esclavitud cuando descubre las deficiencias y carencias contractuales no tenidas en cuenta en previsión, precisamente, de posibles incumplimientos de los compromisos y garantías firmados con su proveedor de servicios TIC debido, quizás, a un exceso de confianza en él. Comprobando que, como consecuencia de esa falta de previsión –no dejando perfectamente recogidos en la redacción de los contratos los más mínimos detalles respecto a obligaciones y garantías por parte del proveedor– queda a merced del modo de entender la profesionalidad por parte del proveedor. Con lo cual, ese cliente excesivamente crédulo, y con complejos –que sustenta sus decisiones en la supuesta gran amistad y nivel de confianza con el proveedor– puede propiciar una excesiva dependencia tecnológica, incluso casi monopolística, respecto de su proveedor de servicios, con el riesgo que comporta una situación así.
El cliente, comprador, tiene la obligación de saber gestionar la gran fuerza que le otorga esa condición, no admitiendo nunca condiciones abusivas de contratación. Pensando, en todo momento, que los proyectos informáticos con altos costes exigen una buena selección de proveedor, ya que, ante errores en el desarrollo con planteamientos de posibles cambios en el proceso, el precio que habría que pagar –además de la repercusión en el tiempo– sería elevado. Los clientes con complejos no son adecuados para contratar.

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