Banda ancha fija: en el umbral del cambio

Alcanzará la categoría de producto de consumo masivo

Las nuevas tecnologías que llegan al mercado entre las que se encuentran los desarrollos más alla de ADSL, el bucle desagregado, las redes de acceso inalámbrico metropolitano como Wi-fi y Wi-max, el PLC o el MPEG-4, provocarán importantes cambios en la estructura del mercado convirtiendo a la banda ancha (BA) fija en un producto de consumo masivo como los videojuegos o los móviles.

Las telecomunicaciones mundiales atraviesan una época de cambio. La llegada de las tecnologías móviles provocaron una explosión de usuarios que se beneficiaron de enormes economías de escala en la fabricación de terminales. Los móviles se convirtieron en una suerte de navaja suiza electrónica, capaces de realizar decenas de tareas en una evolución sin fin, que se verá prolongada por el desarrollo de la tercera generación UMTS con una velocidad de 2 Mbps y que ya apunta en los laboratorios a su sucesora, la HSDPA, que alcanzará hasta 14 Mbps. Por el contrario, las redes fijas, menos flexibles, se beneficiaban de mucha menor capacidad de innovación y languidecían en su universo regulado de margenes decrecientes. Pero la popularización de las tecnologías de banda ancha, que permiten la transmisión a alta velocidad, ha despertado de su letargo a las redes fijas, que con la llegada de sistemas de banda ancha inalámbricos como Wi-fi y Wi-max, parecen en condiciones de disputar el futuro a las redes móviles. Las razones para esta explosión se basan en que la industria cultural se ha lanzado a un proceso de digitalización de sus contenidos que los convierten en accesibles a través de las redes y que están tirando de la demanda de la banda ancha.

El desarrollo en España
En España, el desarrollo de la banda ancha se inició en 2001, aunque su explosión como producto masivo se producirá en los próximos cuatro años. España cerrará 2004 con más de 3,4 millones de usuarios de banda ancha, lo que supone una penetración del 8% de la población y un 17% sobre el total de hogares. De esa cifra, cerca de 2,5 millones serán usuarios de ADSL –a finales de septiembre había ya 2,16 millones de clientes– y casi 800.000 lo serán de redes de cable. De hecho, aunque las redes de cable deberían ser el elemento fundamental en el desarrollo de la banda ancha –ya que su tecnología, mezcla de fibra óptica y coaxial es la mejor para proporcionar velocidades sin limite– su lento desarrollo geográfico la ha convertido en la segunda opción. Las redes de cable nacieron de cero en España a partir de las concesiones de 1997 y 1998, pero la complejidad de las demarcaciones, la oposición municipal a las obras de cableado, el alto coste y los problemas entre los socios, mantuvieron al ralentí los desarrollos de los proyectos, especialmente en Madrid y Barcelona. De hecho, según Gaptel, el grupo de análisis de la entidad pública Red.es, a de 2008 en España existirán cerca de 8,4 millones de accesos de banda ancha –el 20% de la población y el 50% de los hogares– pero de ellos 6,1 millones serán de ADSL y sólo 1,6 millones de cable. Es decir, si a finales de 2004 la diferencia entre usuarios de cable y de ADSL será de 1,7 millones, en 2008 habrá pasado a 4,5 millones. Existen zonas de España muy cableadas como Albacete, Murcia, Santander, Cádiz, o Valencia, donde la penetración del cable es semejante o superior a la del ADSL. Sin embargo, la escasa presencia en Madrid y Barcelona ha penalizado las economías de escala. Además, los nuevos desarrollos en las tecnologías de cobre de tipo XDSL enfrentarán a las redes de cable a contrincantes cada vez más peligrosos porque podrán alcanzar velocidades cercanas a los 34 Mbit por segundo, hasta ahora reservadas para la fibra óptica. Sin embargo, la reciente tendencia a la concentración iniciada por los dos grandes operadores de cable, Auna y Ono, parece indicar que la creación de un gran operador nacional de esta tecnología está más cerca. El grupo resultante dispondría de mayores economías de escala en aprovisionamientos y marketing así como en la creación y compra de contenidos, uno de los caballos de batalla del futuro más inmediato.

Las prisas de Telefónica
El Grupo Telefónica tiene buenas razones para apostar a fondo por el desarrollo de la banda ancha. Y es que el negocio natural de Telefónica de España se está muriendo. De forma lenta pero inexorable, los ingresos por la venta de minutos de llamadas de voz están en declive. A partir de 2003 y por primera vez, Telefónica vendió menos minutos de voz con origen fijo que en 2002 y además éstos cada vez son más baratos. Y los clientes de líneas convencionales han dejado de crecer. Entre 2001 y 2002 han caído un 4,5%. La razón principal de este declive es el auge de los móviles que están convirtiéndose en sustitutivos de los fijos en la mayor parte de las llamadas, pero que también empiezan a ser un sustituto en el equipamiento de los hogares. Si en 1997 el 76% de los hogares españoles disponía sólo de teléfono fijo, un 13% tenía fijo y móvil y menos de un 2% tenía sólo móvil, en 2004, los hogares que sólo disponen de conexión fija han bajado al 21%, los de fijo y móvil suponen ya el 67% y los que sólo disponen de móvil llegan al 12%. La banda ancha no sólo despierta una demanda creciente, sino que sus precios actuales son mucho más altos que los que se perciben por el negocio de voz, de forma que el ingreso medio por cliente –el famoso ARPU– puede mantenerse a pesar de la constante erosión de los precios de las llamadas de voz. Además de la competencia de los móviles, la voz tradicional se enfrenta a otra amenaza: la voz sobre IP (VoIP). Esta tecnología permite mantener conversaciones utilizando las redes de Internet a un precio marginal, lo que posibilita conferencias transoceánicas a precios de llamada local. Un operador alternativo podría mantener precios que representan una fracción de lo que cobra cualquier operadora convencional, que se vería obligada a seguir esa espiral de rebajas o resignarse a perder su enorme cartera de clientes. Esa amenaza es la que está forzando a las antiguas telefónicas a reconvertirse en empresas de banda ancha, para preservar sus bases de clientes y su ARPU.

El alquiler de bucle y el triple play
El despliegue de redes de banda ancha fija en España en el mercado residencial ha seguido hasta ahora un modelo estable. De un lado los operadores de cable –básicamente Auna y Ono– que han desplegado redes propias, nuevas y competidoras en tecnología con las redes del ex monopolio. Por otra, Telefónica, que renunció a crear sus redes nuevas redes de cable para aprovechar sus líneas telefónicas convencionales, como soporte de la banda ancha a través de las tecnologías ADSL que ha vendido con un modelo comercial de tarifa plana uso ilimitado las 24 horas al día, por 39 euros mensuales. Y finalmente los otros operadores alternativos, como Wanadoo, Jazztel o Ya.com, que se habían limitado a distribuir la oferta mayorista de Telefónica. El ex monopolio está obligado a ofrecer a sus rivales el mismo servicio que vende a sus clientes, con una rebaja suficiente –del 40%– como para que estos puedan realizar ofertas rentables. Este servicio mayorista permite a sus rivales aumentar su base de clientes sin tener que

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